FUENTE DE PIEDRA
«La crisis municipal de 1917»
El que fuera alcalde con-servador, Francisco Luque Pachón, solicitó un mes de licencia por prescripción facultativa[1] en abril de 1916 y no volverá a desempeñar el cargo. Meses más tarde, en no-viembre, tres concejales que habían solicitado cesar de sus funciones alegando problemas de salud, fue-ron sustituidos por otros tantos concejales suplentes, que junto con el elegido alcalde formaron la corporación municipal. A partir de ese momento empezaron los problemas.
El nuevo Ayuntamiento quedó presidido por D. Bartolomé Espinosa Mancheño, de ideología progresista-radical, cambiando el color político de la Corporación, que pasa de una posición conservadora-moderada (mantenida por D. Francisco Luque) a otra total-mente opuesta, progresista-radical, provocando una serie de situaciones que enrarecieron el ambiente político. La medida más importante adoptada por el nuevo alcalde fue la destitución del secretario municipal D. Antonio Velasco Fajardo, postura no compartida por el resto de la Corporación, que acarreará serias consecuencias.
De momento, a ninguno de los plenos que el alcalde convoca acuden los concejales, y solo hacen acto de presencia alguno de ellos en el pleno del 5 de diciembre, en el que, nada más iniciarse la sesión, sin esperar turno de palabra, el exalcalde Luque Pachón, que ahora forma parte de la ban-cada de concejales, invita al resto de sus compañeros a desalojar el salón al no reconocer al nuevo secretario nombrado por D. Bartolomé sin haber consultado al resto de la Corporación y sustituir sin fundamento alguno al secretario D. Antonio Velasco Fajardo, titular de la plaza. El acta de dicha sesión solamente fue firmada por el alcalde y el nuevo secretario; el resto de concejales ya había abandonado la sala.
Antes de terminar el año, hasta en nueve ocasiones son citados a pleno los concejales; las mismas que continúan sin comparecer, por lo que las actas solo fueron firmadas por el Sr. Espinosa y «su» secretario, Sr. Federico Genovés, pieza clave en todo este conflicto.
El alcalde, D. Bartolomé Escribano, se estaba quedando solo, le estaba ocurriendo lo que a su correligionario D. Plácido de la Torre Romano cinco años antes, asunto al que volveremos en otro momento.
El nuevo año no empezó con mejor pie; en enero de 1917 ocurría otro tanto de lo mismo, o sea, se sucedieron las citaciones y la no comparecencia de ediles. Tan crispada está la situación que la sesión plenaria del 2 de febrero recoge varias renuncias al cargo alegando edad avanzada o motivos de salud.
A mediados de año, la situación da un giro. El gobernador civil da orden de reincorporar a su puesto al secretario cesado, Sr. Velasco, anular el expediente abierto en su contra y cesar de inmediato al secretario provisional, Sr. Genovés Vernal, nombrado por el alcalde interino, Sr. Espinosa; motivo que provocó la no comparecencia de los miembros de la Corporación a los plenos.
La situación tendió a normalizarse una vez en su puesto de secretario, Sr. Velasco. Analizada la crítica situación municipal a la que se había llegado, se expuso en diez apartados, que quedaron reflejados en acta de forma detallada, los asuntos pendientes de ejecutar que llevaban un considerable atraso; los que no se habían iniciado y los que, habiéndolo hecho, se hicieron mal. En cuanto al re-gistro de entrada, quedó constancia de que no se había asentado ninguna comunicación en siete meses, o sea, el tiempo comprendido desde que el Sr. Velasco fue suspendido de empleo y sueldo hasta su reincorporación. El alcalde interino D. Bartolomé Espinosa había tomado importantes decisiones sin contar con el resto de la Corporación y apoyado, solo en determinadas ocasiones, por el único concejal que a veces le acompañaba, D. Antonio Díaz Pachón.
Ese día de la reincorporación del Sr. Velasco, presentaban su dimisión los concejales Die-go Dorado Pozo y Francisco López Flores. Sus renuncias fueron acep-tadas y la Corporación continuó su agenda con dos concejales menos. Se había iniciado una cascada de bajas y dimisiones que únicamente se explica por los movimientos políticos del momento. Renuncian de sus cargos el depositario de los fondos municipales y también dimite el recaudador. Desde Málaga presenta su renuncia el agente que gestiona los asuntos municipales del municipio en la capital, el cual había sido nombrado por D. Bartolomé cuando tomó posesión de la alcaldía interina. También se despidió el escribiente que el citado D. Bartolomé incorporó a la secretaria para que auxiliase al secretario provisional, Sr. Genovés Bernal.
En resumen, desde noviembre de 1916 se producen una serie de dimisiones en cadena que no cesará hasta mayo de 1918, provocando un grave desorden en la gestión administrativa y alterando la tranquilidad de los vecinos; motivo por el que podemos decir que Fuente de Piedra, aunque de forma muy particular, también tuvo su Crisis de 1917.
Fragmento de Historia Temática Villafontense
Capítulo.- La tierra:
El primer reparto de tierra tras la Reconquista
Francisco Muñoz Hidalgo
(Obra en composición)
[1] AMFP. A.C. del 26 de abril de 1916