Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

Las Fiestas

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LA FIESTA DEL ÁRBOL

Fiesta desaparecida y no recuperada.

(Artículo publicado en el programa de las Fiestas de Julio 2016)

Hoy nos preocupa el medio ambiente y día a día nos vamos concienciando que no es un problema banal. En definitiva se trata de hacer lo más confortable posible el planeta; esa “casa” común en la que todos nos movemos y vivimos.  Nos preocupa la disminución de la capa de ozono, la emisión descontrolada de cloro-flúoro-carbonatados que contribuye a que el agujero de esa capa sea cada vez mayor. Nos preocupa la contaminación acústica, especialmente en ciudades. Nos preocupa la contaminación lumínica y, de forma muy especial, la del aire que respiramos. En general nos preocupa todo aquello que perjudique al  medio en que nos desenvolvemos. Y es que hoy, en el estado actual de nuestros conocimientos, somos capaces de captar unos peligros que hace tan sólo un siglo ni sospechábamos. Sin embargo, hace siglo y medio, aunque por otros motivos, y especialmente en Fuente de Piedra, ya preocupaba el medio ambiente, dado que las epidemias de tercianas y cuartanas (paludismo) se cobraban un tributo muy alto.

Sabemos que Fuente de la Piedra era la población más perjudicada en toda la comarca cada vez que se producía un brote epidémico. Tanto es así que el azote sufrido durante la segunda mitad del siglo XVIII dejó tan diezmada la población que el pueblo  estuvo a punto de desaparecer. Entonces, el chivo expiatorio fue la “fuente de la piedra”, cuyas aguas, estancadas por falta de corriente,  no nos cabe la menor duda que contribuyeron a la propagación de las epidemias. Sin embargo, a principios del siglo XIX, a pesar de que la “fuente de la piedra” había sido saneada, y el lugar (El Prado), desecado y adecentado, las epidemias continuaron.

La autoridad sanitaria miró en derredor y  buscó otro chivo expiatorio al que culpar y lo encontró en la Laguneta del Cerro del Palo, que año tras año se convertía en una zona pantanosa que estacionalmente se iba secando, al igual que ocurría con la propia Laguna Salada. Pero la Laguneta estaba más próxima al caserío y si tenemos en cuenta que desde mediados del siglo XIX la estación de ferrocarril era su vecina, se aprovechó para involucrar en el desecado y adecentamiento de ese entorno a la entonces Empresa de los Ferrocarriles Andaluces, que a su vez sería la más beneficiada por su proximidad. Y es que, con buen criterio, la autoridad villafontense del momento, consciente del problema intentó paliarlo en la medida de sus posibilidades y con lo medios entonces conocidos y a su alcance. Para ello intervinieron aunando esfuerzos tres instituciones: La propia autoridad municipal, organizando las diversas actuaciones; la Junta de Salud de la población, dirigiendo las acciones a seguir (médico, farmacéutico y veterinario) y, por último,  la colaboración del vecindario, concienciado y educado para tal menester; en este sentido la Escuela (maestros y alumnos), jugó un importante papel con la llamada Fiesta del Árbol, actualmente desaparecida.

La Fiesta del Árbol venía celebrándose cada año en la primera decena del mes de febrero y, si era coincidente, el domingo de carnaval, por ser el momento más idóneo para sembrar los plantones que cada año se solicitaban a la 5ª División Hidrológico Forestal del Guadalquivir.

De forma muy acertada, como posteriormente se comprobó, D. Emilio Serrano,1 ese médico al que Fuente de Piedra tanto debe, y al que en estas mismas páginas, años atrás, le dedicábamos un capítulo, en 1912 ya había solicitado al ayuntamiento que los plantones fueran de eucaliptus de la especie globulus o en su defecto la rostrata, y se plantaran junto a la Laguneta del Cerro del Palo al objeto de combatir las fiebres palúdicas que periódicamente se repetían y que al parecer, entendía -con gran acierto-, que frenaban las epidemias. De este modo, en las primeras décadas del siglo XX, año tras año, en torno al domingo de carnaval o primera decena del mes de  febrero, se sembraban hasta 500 plantones2 de eucaliptus que la 5ª División Hidrológico Forestal del Guadalquivir se encargaba de remitir en tiempo y forma.

La Fiesta del Árbol era tratada con gran pompa, con la participación de los maestros de escuela, los alumnos y demás autoridades y personas influyentes del municipio, entre las que no faltaban las Señoras de la Conferencia de San Vicente.

Los resultados no se hicieron esperar, tanto es  así que en 1914 las epidemias desaparecieron por completo en Fuente de Piedra; el ayuntamiento hubo de librar una partida con cargo a imprevistos, para limpiar de pasto y talar algunos de los eucaliptos y acacias que se habían sembrado en años anteriores junto a la Laguneta del Cerro del Palo.

También, a sufragar los gastos contribuía anualmente la Gerencia de la Empresa de los Ferrocarriles Andaluces con cierto importe para la desecación y canalización de la Laguneta. En 1912 esta cantidad ascendió a 2.000 pesetas, reduciéndose a 1.000 al año siguiente. Sabemos que en 1926 la labor de limpieza y desagüe fue adjudicada a los vecinos José Soto Rodríguez y Ramón Rivas Rivas, en la cantidad de seiscientas cincuenta pesetas, de las que el ayuntamiento desembolsó quinientas ptas. y el resto se comprometieron a abonarlo los vecinos Don Antonio García Pachón, Doña Gertrudis Casasola y García Camba y Don Antonio Lozano Vaca; este último lo hacía en representación de la Compañía “Lozano Pintado y Compañía”. Compañía que hoy conocemos como Orujera o Fábrica de Sulfuro y de la que en otro momento hablaremos y prestaremos la debida atención.

Volviendo a la Fiesta del Árbol, en 1915, D. Emilio, ya en avanzada edad, debido a una afección reumática que tenía que ser tratada en Málaga, presentó su dimisión como médico titular y en los años siguientes, su sucesor o sucesores en el cargo no se preocuparon de continuar su labor de vigilancia. En consecuencia la Fiesta del Árbol desapareció y su lugar fue ocupado por las epidemias, que retornaron.

Así las cosas, en 1923, el entonces alcalde, Don José García Dorado, tuvo que informar al Gobierno Civil del motivo de la desaparición de la Fiesta del Árbol que, de forma tangible, tanto bien había reportado a la población. La contestación del edil se limitó a informar que había presupuestadas 200 ptas. destinadas a la celebración de la fiesta, pero que no se había podido celebrar porque el Ingeniero Jefe de la 5ª División Hidrológico Forestal del Guadalquivir, al que se venían pidiendo cada año los plantones, no los remitía y ese era el motivo por el que desde hacía varios años no se celebraba el evento.  

¿Qué ocurrió entonces? Pues que al volver las epidemias hubo que tomar medidas urgentes y ese mismo año, tras hacer las gestiones necesarias, fue la 2ª División Hidrológica la que se encargó de remitir 600 plantones, y lo hizo de forma tan diligente que llegaron antes de tiempo y hubo que adelantar la Fiesta del Árbol, que, como de costumbre, estaba prevista para la primera decena de febrero. En años sucesivos siguió celebrándose la fiesta; en 1925 fueron 100 las acacias que se plantaron, por no haber eucaliptos en los viveros.

Como todo el proceso resulta un poco complejo, veamos los pasos que se seguían. Antes de culminar con la siembra de los plantones, se procedía a la desecación de la Laguneta y la limpieza de los canales y cauces, limpiando además de broza y maleza los plantones de eucaliptus que  se habían sembrado en años anteriores junto a esos mismos cauces y  canales. Por otra parte, poco antes de la fecha prevista, que era el domingo de Carnaval, o un domingo de la primera decena de febrero como ya hemos apuntado más arriba, se recibían los plantones, que llegaban por ferrocarril a la estación y se abrían los hoyos donde habían de  ser sembrados. Llegado el momento, ese domingo de febrero, tras la misa, la autoridad municipal y fuerzas vivas del momento acompañaban a los maestros y alumnos que eran los encargados de llevar a cabo la siembra. Muchos de esos plantones aún se pueden ver. Quizá el más simbólico dado el lugar en que se encuentra sea el llamado Chaparro del Cerro del Palo, una encina que ha sobrevivido al siglo. Acabada la tarea se regresaba al pueblo y en uno de los bares céntricos se organizaba una merienda con chocolate para los alumnos participantes.

En 1927 la Fiesta del Árbol era obligatoria. El acta de la sesión capitular de 27 de enero de 1927, ante la proximidad de la fiesta dice literalmente:

“El Sr. Presidente manifestó que la fiesta del árbol mandada celebrar anualmente con carácter obligatorio para ir inculcando en el ánimo del pueblo y en la sociedad en general los beneficios que a la humanidad reporta la multiplicación del árbol y desarrollar el amor de los niños hacia los árboles, debe celebrarse el mes próximo, o a más tardar en los primeros días de marzo, y convendría hacer diligencias cerca de los ingenieros encargados de los viveros del Estado en esta región hidrológico forestal y tener preparado lo necesario para el día que se acordara la celebración de dicha fiesta. La comisión, enterada, por unanimidad acordó que por el Señor alcalde presidente se hagan desde luego las gestiones necesarias cerca del Señor Ingeniero Jefe de Obras Públicas de la provincia para la adquisición de los plantones necesarios, y cuando se cuente con ellos se señale el día de la fiesta y se hagan los demás preparativos, convocatorias e invitaciones.”

Precisamente ese año, el vivero no pudo facilitar los 500 eucaliptus que se le solicitaron  y en su lugar enviaron 50 plantones de acacias que se sembraron el 20 de marzo. El acta capitular de 24 de marzo de 1927 entre otros asuntos recoge lo siguiente:

“También se dio cuenta de la que presenta el Depositario municipal Don Francisco del Pozo Acuñas por los gastos ocasionados con motivo de la celebración de la Fiesta del Árbol por los niños de las Escuelas, que tuvo lugar el día 20 del actual. La Comisión, encontrando justificada y conforme dicha cuenta acordó su aprobación y dispuso que su importe de doscientas veinticinco pesetas quince céntimos se libre con cargo al capitulo…”

Y de este modo, la Fiesta del Árbol que con tanto provecho se venía celebrando desde años atrás, sin que sepamos el motivo, desapareció. Pero aún se elevan hacia el cielo algunos de aquellos árboles, testigos y protagonistas de esta fiesta, plantados hace un siglo.

De todas las fiestas que celebramos, no abrigamos duda alguna de que la del árbol ha sido la que mayor beneficio, fruto y sentido ha tenido.  Y también creemos que, aunque haya desaparecido del calendario local, nunca sería tarde para recuperarla.

 

 

Fragmento del “Historia Temátiva Villafontense”.

Capítulo: LAS FIESTAS:

 La Fiesta del Árbol,

por Francisco Muñoz Hidalgo.

(Obra en composición).

 

 

 

 

 

[1] Sobre la vida y obra de D. Emilio Serrano se puede consultar en esta sección el tema: D. Emilio Serrano, Pernales y… la flaca memoria.

[2] Aunque se solicitaba plantón de Eucalipto, también se recibían de acacias, encinas y otras especies cuando el vivero no disponía de las unidades que se le solicitaba. Tanto es así que entre los varios testigos plantados en aquel tiempo tenemos la hoy famosa encina del Cerro del Palo, al que al citarlo decimos "El Chaparro del Cerro del Palo".

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