Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

Lugares con Historia

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LA VENTA DE LAS SALINAS

(Artículo publicado en el programa de las Fiestas de Julio 2005)

    Inmediatamente después de ser reconquistada Fuente-la-Piedra (1462) tuvo lugar el repartimiento de tierras y, de esta guisa, el 13 de Julio de 1497, medio siglo antes de que naciese el pueblo actual, se hizo donación a Gonçalo de La Puebla y a Pero Hernández de Córdoba de “un sitio para venta cerca de La Laguna Salada en un ojo d’agua questá cerca del camino que iba a Córdoba entrando en el monte.” [1]

 

     Aquella venta, que desapareció hace más de un siglo, se situaba junto al puente por cuyos ojos aún discurren las aguas que del arroyo de Santillán van a morir a la Laguna Salada, y al que le ha dado su nombre: Puente la Venta, y junto al también “camino que iba a Córdoba”, que hoy llamamos de Conejo.

 

    Durante los más de cuatrocientos años en que la venta, llamada de las Salinas, se mantuvo en pie, sus paredes presenciaron tanto nobles hazañas como actos vergonzosos, y oyeron  intrigas, conspiraciones e increíbles historias, propias del ambiente romántico decimonónico en que sucedieron.[2]  

 

   Si bien la mayor parte de aquellas historias y anécdotas quedaron enterradas, cuando a la par, el siglo XIX y la Venta Las Salinas desaparecían, algunas han llegado hasta nosotros.  Las hay de todo tipo, veamos alguna de ellas.

 

    Durante el siglo XIX, mantener el orden en el pueblo no fue tarea difícil. Lo difícil era mantener la seguridad en el término  puesto que, de una parte,  las partidas de ladrones y bandoleros no dejaban de hostigar la zona dada su situación geográfica, a caballo entre Lucena, Estepa y Ronda, en cuyas serranías mantenían sus guaridas y, de otra, tener enclavada en el corazón del término municipal la Laguna Salada, que cada año sufría múltiples ataques y asaltos para extraerle la sal. La guinda la ponía la venta que venimos tratando, conocida como Venta de las Salinas, situada en el cruce de caminos de Fuente de Piedra a Sierra de Yeguas con la vía pecuaria que tomaba dirección Córdoba.[3] Venta en la que se daban cita ante una botella de vino o una “arriera”[4] de aguardiente, muleros, militares, aldeanos y arrieros, contrabandistas y ladrones, borrachos y estraperlistas, campesinos envueltos en sus capas pardas, “cantaores” de flamenco,  “tocaores” de guitarra, amén de otras lindezas por el estilo. Allí se concentraban también miembros de la Comandancia de Resguardo de la Sal, encargada de vigilar la laguna para evitar la extracción del mineral. Paradójicamente serían los propios dependientes, o sea, los guardas de dicho Resguardo, los que mirando de soslayo, cuando el peligro se alejaba, conspiraban y delataban los movimientos de la Comandancia a los asaltantes.

Aspecto natural del  vaso lacustre durante el estío: la sal precipitada por la evaporación del líquido.

    En sus últimos tiempos corrió la sangre y la Guardia Civil tuvo que intervenir en más de una ocasión. Medio siglo antes, a principios del XIX, dice la tradición oral que los “migueletes”  tuvieron que combatir enérgicamente a los estraperlistas, pues tenían la venta como punto de encuentro y despacho de sus negocios y manejos traficando, principalmente, con tabaco.

 

  Pero no todo fue negativo, la pluma de un insigne viajero norteamericano, aunque no la nombrase explícitamente, dejará la venta inmortalizada para la posteridad. Cuando Washington Irving se dirigía a Granada, donde se inspiró para escribir sus “Cuentos de la Alhambra”, al ir narrando el camino de ida, la visión que aquel 3 de Mayo de 1829 tuvo de Fuente-la-Piedra, y más concretamente de su laguna, visión que dejó plasmada en su obra,[5] no fue otra que la que contempló desde la venta,[6] que le salía al paso y desde la que admiró, aquella tranquila mañana de primavera, las lejanas montañas de la serranía reflejadas en las quietas y cristalinas aguas de la Laguna Salada. Desde ningún otro punto de la periferia de La Laguna es posible esta visión.[7]

 

   Y también estamos convencidos que mientras Irving escribía, Sancho, su fiel escudero debía estar “engolfado en charla fogosa con el dueño de la venta y con dos o tres de sus pegotes y mogollones”, que diría el autor de los cuentos.

 

   Pero aún hay algo más, el doctor en Antropología D. Antonio Mandli Robles, catedrático de la Universidad de Sevilla, al que tuve la suerte de tener de profesor, buscaba el lugar en que se levantó la Venta de las Salinas  y la posible documentación que de la misma hubiese. No tardé en facilitarle lo hasta ahora narrado, recibiendo una doble sorpresa, la del reencuentro tras más de tres lustros y saber que fruto de sus investigaciones, esa venta cuya ubicación buscaba, o sea, la Venta de las Salinas, formó parte del rosario de ventas entre cuyas paredes se fueron gestando, a partir del fandango campero, los distintos palos del más puro flamenco.

 

   Hoy, al igual que la Venta de las Salinas ocupa un lugar privilegiado en el Itinerario de las Ventas de Villuga, enclavada entre las ventas de Peñayas y de las Yeguas, Fuente de Piedra tendrá el honor de figurar en el de los “Caminos del Flamenco” por haber  albergado su solar la Venta de las Salinas, una venta que, curiosamente, nacía medio siglo antes[8] que el propio pueblo.[9]

 

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo: LUGARES CON HISTORIA:

La Venta de Las Salinas.”

por: Francisco Muñoz Hidalgo

(En composición)

 

 

 

 

 

[1] Libro de Repartimientos de Antequera, fól. 96 vº.

[2] Primera mitad del siglo XIX.

[3] Hoy es el camino de Conejo, que partiendo del Puente la Venta toma dirección norte.

[4] Localismo que hace alusión a las copas de forma acampanada que llenas de aguardiente tomaban los arrieros al alba.

[5] Literalmente dice: “Andando el día, pasamos por Fuentelapiedra, cerca del lago salino del mismo nombre, reluciente sábana de agua que refleja como un espejo la lejana cordillera.”  Si tenemos en cuenta que salieron temprano de Osuna y entraron en Antequera cuando anochecía, sería al mediodía cuando llegaron a Fuente la Piedra.

[6] Hoy sólo se conserva el puente.

[7] Hay que tener en cuenta que en el siglo XIX, el camino seguido por Washington Irving bajaba del cortijo Alto, giraba a la izquierda en Las Vicarias, desde donde se observa Laguna y pueblo, avanzaba por el Llano Soldado y doblaba a la derecha dando vista a la Venta de las Salinas, a la altura del Puente la Venta. Y es desde este lugar, si miramos al mediodía, desde donde las lejanas montañas de la serranía se ven reflejadas en las aguas del vaso lacustre.

[8] Año 1497.

[9] Fuente de Piedra nace en 1547.

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