Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

D. Remigio, «El Maestro»

         En 1920 llegaba a Fuente de Piedra D. Remigio Rubio Tirado, un joven de 34 años natural de Chucena (Huelva), que había sido destinado como profesor para ocupar la plaza de Maestro Nacional de Instrucción Primaria. Llegó con su hermana Isidora, siete años mayor que él, y les acompañaba un niño de 9 años, natural también de Chucena, Rafael Rodríguez Herrera, del que desconocemos el parentesco o relación que les unía. Se acomodaron y vivieron en el número 3 de la calle Ancha.

         En sus nueve años de estancia (1920-1929), D. Remigio dejó una profunda huella en los alumnos que tuvieron la suerte de crecer con sus enseñanzas y los vecinos que le trataron, fruto de su profesionalidad como maestro nacional, y como político en el escaso tiempo que ejerció la alcaldía.

         A los pequeños les daba clase mañana y tarde y, de forma desinteresada, por la noche, a los adultos con inquietudes y a los jóvenes cuyo trabajo les impedía acudir en horario diurno. 

         D. Remigio cobraba sus emolumentos según ley por impartir las clases en el horario establecido por el Ministerio y la Junta Provincial de Educación, pero por las clases nocturnas nada percibía. El conocimiento de esta situación nos llega a través de un escrito que presentó al Ayuntamiento solicitando que para las clases nocturnas que venía impartiendo se le facilitase material (lápiz y papel) y costease el gasto ocasionado por la iluminación, tan necesaria por celebrarse las clases hasta altas horas de la noche, y que su escasa economía no le permitía asumir. La Corporación, consciente del esfuerzo que D. Remigio hacía por impartir sus conocimientos a los más desfavorecidos y fuera del horario reglado, no dudó en concederlo.

         En lo político, en 1925 D. José García Dorado, alcalde del municipio, aquejado de problemas de salud presentaba su dimisión, lo que propició que D. Remigio, incluido en la lista de concejales suplentes se incorporara a la Corporación, siendo además, elegido alcalde por unanimidad entre sus compañeros el 18 de septiembre de ese año.

         No perdió el tiempo. En su nueva situación, con diligencia puso en práctica una serie de medidas encaminadas a hacer más fácil la vida de los vecinos y otras, a reconocer el esfuerzo de aquellos personajes influyentes en el bienestar o sentir de los moradores dedicándole el nombre de una calle, lo que originó un cambio parcial en el nomenclátor callejero apareciendo por primera vez nombres como Pardo Casasola, Colón, Conde del Castillo de Tajo o Nuestra Señora de las Virtudes. 

         De su gestión cabe destacar la adquisición e instalación del reloj de la torre de la iglesia, de cuyos detalles ya dimos cuenta en una nota anterior. 

         Redobló esfuerzos en desecar la Laguneta del Cerro del Palo, antiguo foco origen de las epidemias de malaria, que otro personaje histórico villafontense, el médico Serrano, con su gestión consiguió erradicar, pero tras su jubilación y desaparición de la Fiesta del Árbol, las fiebres palúdicas amenazaban con volver. Para frenarlas pidió una contribución económica a la Compañía de Ferrocarriles Andaluces y a la fábrica de orujo y jabones Lozano Pintado y Cía., con el objetivo de evitar el estancamiento y putrefacción del agua. Estableció sobre la Laguneta unos límites periféricos para evitar que las personas, carruajes y ganado obstruyeran los canales de desagüe o destruyesen las plantaciones de eucaliptos y acacias que se sembraron en su entorno, alertando a la Guardia Civil, Policía Municipal y Forestal para que extremase la vigilancia y sancionase a los que incumplieran la norma establecida. Con su doble autoridad: alcalde y  maestro, participó activamente en la recuperación de la Fiesta del Árbol, fomentando entre sus alumnos el amor a la Naturaleza.      

         El 10 de septiembre de 1926, tras un año de mandato, cuando empezaba el curso escolar, presentó su dimisión al entender que estaba desatendiendo su ministerio y era responsabilidad suya que los alumnos saliesen de la escuela con la formación y educación deseada.

         Respetado y querido por sus alumnos, de los que le vemos rodeado en una instantánea tomada hacia 1922, demostró tener ideas claras y espíritu de entrega. A un siglo de distancia aún se oye hablar de él en Fuente de Piedra.

         En 1929 D. Remigio, con su hermana Isidora y Rafael, aquel niño convertido ahora en un mozo de 18 años, marchaban a Espartinas (Sevilla), nuevo destino del maestro, posiblemente desconociendo que su paso por Fuente de Piedra dejó una profunda huella y un nostálgico recuerdo entre los que tuvieron la suerte de compartir sus vidas con él.

Francisco Muñoz Hidalgo

 

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