Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

De Pedanía a Municipio

 

7

 

EN BUSCA DEL "ARA" PERDIDA

(Trasiego de inscripciones sin control)

(Artículo publicado en el programa de las Fiestas de Julio 1999)

     Cuando tiene lugar un hecho memorable, es lógico que se quiera dejar “memoria” de ello a través de una lápida inscrita. Lo que ya no es tan lógico es ir cambiando esas inscripciones de sitio, porque al final nunca se sabe a quién perteneció, qué sentido tuvo, qué motivó su traslado y para qué se colocó en otro lugar. Aunque en toda la Península nos encontramos con estos “trapicheos”, lo cierto es que la comarca de Antequera se lleva la palma.

 

     Fuente de Piedra no iba a ser menos y por tanto nos trae de cabeza más de una lápida inscrita. Pero vamos a referirnos sólo a una de ellas, la que se colocó en la “fuente de la piedra”.

 

  Cuando fueron desecadas las aguas y levantada la fuente tras las epidemias de finales del XVIII, para conmemorar el hecho se esculpió una lápida que recordaba aquel evento y sus consecuencias. Esto ocurría en 1819.

 

   Unos setenta años más tarde se produjo otro hecho relevante que alteró la tranquilidad de la población: el terremoto de 1884, que entre sus muchos destrozos, dejó arruinado el templo parroquial. Tras su reconstrucción, en 1889 se procedía a su bendición con la participación del Sr. Obispo y dos años más tarde, para dejar constancia de estos hechos, se volvía a inscribir otra lápida conmemorativa que, haciendo referencia al seismo y sus consecuencias, fue colocada al lado derecho de la entrada al templo.

 

   Hasta aquí todo va bien, pero siempre hay un "ocurrente" que encuentra soluciones fáciles, sin tener en cuenta que, aunque solventa un problema, crea otro mayor. Buscando la simetría en el cancel de la iglesia, el “ocurrente” pensó que había que poner otra inscripción en frente de la que hacía referencia al terremoto, o sea, a la izquierda, para que hiciese juego y quedara “cuadrada” la entrada. Y, bien porque las arcas del consistorio no estuviesen muy saneadas, bien por premura de tiempo o por otros motivos que no llegamos a alcanzar, lo cierto es que para el "ocurrente", la solución momentánea estaba clara: como dice el refrán "Se desnuda a un santo y se viste otro"; se coge la inscripción conmemorativa del levantamiento de la “fuente”, la que se colocó en 1819 en la cabecera de la fuente, se le arranca,  se traslada al templo y se coloca frente a la que hace alusión al terremoto. Así, el “horror vacui” desaparece y problema solucionado.

 

   Claro que la cosa no era tan sencilla. De hecho, la inscripción de la fuente dice en su primera línea “Las aguas de esta fuente...”. Dice de “esta”, porque en ella misma se encontraba incrustada. En su nueva ubicación, es decir en la iglesia, debiera haber dicho: “Las aguas de la fuente de la piedra...”. Sin embargo, ese trozo no se retocó, se dejó tal cual. Pero sí hubo que retocar las dos últimas líneas para adecuarlas a las circunstancias, lo que provocó el deterioro de la inscripción original. Ese fue, y no otro, el motivo de los fragmentos borrados de la lápida, que aún permanece en el templo, pasado el zagúan, en el frontal izquierdo. Nada hay de cierto en lo que se ha oído por ahí de que los “rojos” intentaron romperla. De haberlo querido no se hubiesen entretenido en leer y borrar trozos que no implicaban ideología alguna. De hecho, aún se leen frases que sí pudieron haber sido eliminadas y ahí permanecen. Por otra parte, si la intención hubiese sido hacerla desaparecer, con un buen golpe en el centro hubiesen solucionado el problema. Pero nada de esto ocurrió.

 

   Sin embargo, el arrancarle a la fuente su lápida conmemorativa provocó en ésta una herida que había que solventar de alguna manera. De ahí que se escuadrara otra piedra de las mismas dimensiones y en las que sólo se grabó en su parte inferior AÑO 1819. Al “ocurrente" se le "olvidó" que la lápida no se había inscrito, y así paso de una generación a otra hasta que siglo y medio más tarde, en 1959 la “fuente” fue tragada por la tierra y, cuando la tierra la devolvió, en la década de los 90, entre los cascotes apareció aquella lápida en blanco que nadie sabía por qué. Tampoco nadie lo preguntó. Lo cierto es que cuando se levantó la fuente actual, se colocó de nuevo para sorpresa de todo aquel que intenta leer algo en ella.

 

   La situación no ha mejorado. Con motivo del 450 aniversario de la fundación del pueblo (1547-1997), propusimos instalar una que recogiera el acontecimiento y sintetizara todo lo anterior. Pues bien... como el que oye llover.

 

   Hasta la saciedad se ha repetido que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Nosotros no íbamos a ser menos y ahí tenemos que hace 2.000 años, un tal Lucio Postumio Satulio, a la sazón legionario romano, en agradecimiento por sanar de sus dolencias mandó colocar una inscripción resaltando las bondades del agua; los antequeranos se encargaron más tarde de arrancársela para colocarla en una fuente del hospital de la Concepción (a la que por cierto le volvió a ocurrir lo mismo, es decir, se la arrebataron también). Hoy desconocemos su paradero. Por fortuna, a la que se grabó en 1819, y le fue arrancada en 1891 a la fuente para su traslado a la iglesia, le hemos podido seguir la pista. Creemos que este hecho no se volverá  a repetir, al menos de forma inmediata, sencillamente porque en la actualidad la fuente no tiene ninguna lápida, o mejor dicho, sí la tiene, lo que no tiene es sentido, está  en blanco. 

 

   Hoy, cuando al contemplar la fuente los recuerdos nos remiten a tiempos en que gozó de fama y esplendor, vemos que ni una mínima inscripción documenta su alcance histórico. Alcance que llegó a decir de ella: "...ut meritissium primusque fons munus Hispaniae", cuya traducción es: LA PRIMERA Y MÁS IMPORTANTE DE TODAS LAS FUENTES DE ESPAÑA. 

 

   Y un lamento desgarrado nos devuelve al presente. Es el sonido triste y abatido del único de sus seis caños que, desde sus entrañas, no dejar de repetir: "Devolvedme lo que es mío. No permitáis que sea una fuente anónima". Grito desgarrado que parte del corazón del manantial. Un manantial que no sólo le dio razón de ser y origen al pueblo actual, también le dio su nombre: FUENTE DE PIEDRA.

 

 

 

 

 

Fragmento de: "Historia Temática Villafontense"

Capítulo: "Inscripciones Conmemorativas:

En busca del "Ara" perdida."

por Francisco Muñoz Hidalgo

(En composición)

 

 

 

 

 

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