Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

 

La tierra

 

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LOS REPARTOS SUCESIVOS DE TIERRA

Iniciábamos el apartado anterior, el dedicado al primer reparto de tierra diciendo que hoy, hablar de Fuente de Piedra es hablar de un pueblo, pero hace quinientos años la realidad era bien distinta, pues Fuente de la Piedra era un partido, lindante con otros tantos partidos, similares en extensión, que finalmente, unidos, conformarían el actual término municipal, y al conjunto dio nombre el partido en el que se asentaba la afamada y milenaria “fuente de la piedra”, en cuyo entorno se construyeron los primeros edificios sobre las cenizas del poblado anterior y que será conocido como Fuente de Piedra.  

En lo que al reparto y distribución de la tierra que hoy conforma el término municipal villafontense, podemos señalar cuatro hitos o momentos importantes para así poder analizar mejor el desarrollo del tan polémico tema, a lo largo de los últimos cuatro siglos, como lo fue el del reparto u ocupación fraudulenta de las tierras integradas en el actual término. Estos cuatro momentos clave son:

1º.- Primer reparto, que fue efectuado en dos momentos a su vez:

  1. inmediatamente después de reconquistarse la zona, siendo Hernando de Narváez alcalde de Antequera.
  2. Años más tarde,  bajo el reinado de los Reyes Católicos.

2º.- Regularización de las usurpaciones de terrenos comunales y baldíos en tiempos de Felipe II.

3º.- Regularización de nuevo de las usurpaciones y distribución de nuevas tierras bajo el espíritu de la Ilustración durante el reinado de Carlos III

4º.- Regularización de títulos de tierras baldías o comunales usurpadas, y otros terrenos de titularidad dudosa, tras la segregación de Fuente de Piedra de Antequera,  y haber pasado dichas tierras a formar parte del término jurisdiccional del naciente municipio.

Veamos cómo se desarrolló el proceso en cada uno de estos momentos:

1º.- Parte de las tierras  que se distribuyeron en el primer reparto ya habían sido cultivadas en la antigüedad, pero se encontraban incultas y otras se irían rozando y poniendo en producción en la segunda mitad del siglo XV. De este primer reparto hemos dado ya cuenta en el capítulo anterior, páginas atrás. Reparto llevado a cabo por Hernando de Narváez, alcaide de Antequera, ciudad de la que dependían los distintos partidos a que nos estamos refiriendo (Fuente de la Piedra, Rincón de la Laguna, La Rábita, El Risquillo, El Navazo, Laguna Salada, Los Blancares, Los Grajos, Las Arenas, etc.) y posteriormente continuó el reparto bajo el mandato de los Reyes Católicos.

Pero quedaba aún mucha tierra por rozar debido a una baja (léase casi inexistente) densidad demográfica que no permitía una puesta en cultivo de más tierras, incluso las que se habían repartido estaban mal explotadas. Pero a partir del siglo XVI, cuando la ciudad de Antequera levante la prohibición de edificar en el Partido de La Fuente de la Piedra y en torno al venero empiecen a levantarse las primeras viviendas, a la par, se irá intensificando el cultivo y la zona se convierte en un centro receptor de nuevos pobladores a la busca de trabajo, bien como asalariados, arrendatarios de tierras o incluso ocupando ilegalmente las tierras comunales o baldías.

Estas tierras comunales eran aprovechadas  “oficialmente” de dos formas: una, para uso y disfrute gratuito de los vecinos (piedra, sal, miel, leña y sobre todo, pasto para el ganado), son las denominadas tierras comunales y baldíos; otra, como tierra de propios y arbitrios, puestas en explotación mediante el pago de una renta, lo que reportaba un beneficio económico a la ciudad de Antequera.

2º.- Decíamos más arriba “oficialmente” porque, de inmediato, tanto baldíos como tierras comunales son puestos en explotación por particulares de forma fraudulenta; los montes son roturados y los beneficios repercuten en favor del usurpador. Esta circunstancia se dio en otros muchos municipios, pero en el caso de la jurisdicción antequerana, que es la que nos interesa, fue muy significativa.1

Ante esta situación, más que un problema, la Corona vio la oportunidad de sanear su maltrecha hacienda. Para ello legalizó las ocupaciones ilegales y fraudulentas de estas tierras a cambio de una determinada cantidad de dinero. Tanto es así que en 1560 la Corona inicia investigaciones dirigidas a determinar que tierras fueron ocupadas ilegalmente, o sea, que tierras habían sido roturadas. Esta investigación fue un largo proceso que terminó el licenciado Junco de Posada2 en 1576, con la venta de más de 21.000 hectáreas, de la entonces jurisdicción antequerana,3 que adquirieron un total de 554 usurpadores; entre ellos, parte de  los que asentaron en la actual Fuente de Piedra.

Si el primer reparto se daba en el cuatrocientos,4 el segundo lo es en el quinientos, y lleva aparejado la reordenación y concentración del territorio provocado por la compraventa de tierras y los rompimientos ilegales de baldíos, saliendo en primer lugar beneficiados los cargos municipales antequeranos y los grandes propietarios,5 perjudicando a la ganadería ya que el terrazgo avanza sobre tierras dedicadas a pasto, lo que supone un perjuicio para los recientes vecinos.

Y es que la ocupación de terrenos baldíos y comunales fue muy intensa en el territorio villafontense en el siglo XVI, lo cual se explica por sí misma si tenemos en cuenta lo siguiente:

  • Fuente de Piedra nace en 1547.
  • La ciudad de Antequera había prohibido habitar la zona hasta ese momento.
  • En 1577, a treinta años del nacimiento del pueblo, Ambrosio de Morales nos informa que hay más de 200 casas, escribano y cura. Indudablemente todo un logro para la época en que tiene lugar.
  • Si analizamos los primeros propietarios, de los que quedó constancia oficialmente, vemos como en un cuarto de siglo la densidad de población se dispara a límites insospechados.
  • Visto lo anterior cabe preguntarse ¿A qué se ocupaba toda esta población recién llegada? Sin duda a roturar nuevas tierras: las baldías y comunales.
  • Dada la extensión del término municipal, era mucha la tierra baldía y comunal que se ocuparía de forma ilegal.

De esta forma la población no cesa de crecer durante los siglos XVI, XVII y primera mitad del XVIII, momento a partir del cual se verá frenada como consecuencias de las epidemias que diezmaron la población hasta el punto de hacerla casi desaparecer.

3º.- Inmediatamente después de quedar regularizadas las usurpaciones de baldíos y tierras comunales con Junco de Posadas durante el reinado de Felipe II, se vuelve a repetir la situación anterior, es decir, se siguen roturando nuevas tierras baldías y montes comunales en un segundo avance al que, esta vez, la solución la darían los pensadores ilustrados en la segunda mitad del XVIII, aportando diversos proyectos dirigidos a solventar el problema del campo español, sin transformar la estructura de la propiedad; entre ellos el que apuntaba a modificar los arrendamientos o vender el patrimonio rústico de los concejos como posibles soluciones. Y en este contexto tenemos que a finales del XVII y principios del XVIII se desecaban algunas zonas pantanosas próximas a La Laguna, concretamente terrenos comprendidos entre Campos y Las Latas, así como otros de las Albinas, próximos a Vista Hermosa. Terrenos que puestos en producción por los vecinos, los reclamaban los antequeranos aludiendo que constituían un bien de propios de la ciudad de Antequera. Pero Fuente de Piedra, que había sido un pequeño arrabal de esa ciudad, tras conseguir su independencia y marcar su jurisdicción, no iba a permitir que “derechos antiguos” les despojaran de bienes que habían conseguido poner en producción con el sudor de su frente.

Y es en este contexto en el que se explica la aprobación de varias Provisiones Reales en 1767 y 1770, que regularon los repartos de tierras municipales a los vecinos con menos recursos; lo que trajo importantes consecuencias políticas, sociales y económicas; a saber:

- Socialmente se produjo un malestar entre, de una parte las clases privilegiadas, que accedían a estas tierras imponiendo su mayor poder económico en las subastas de los arrendamientos, y de otra la clase menesterosa, que era la agraciada con lotes de tierra y a los que llamaron “sorteros”.

- Desde el punto de vista económico, como consecuencia de los impagos del canon por parte de estos agraciados con lotes, o sea, los “sorteros”, los ingresos recaudados por la hacienda municipal antequerana fueron muy reducidos.

- Y a todo esto hay que añadir por parte de los “sorteros” la defensa conjunta de sus intereses como arrendatarios, lo que les permitió consolidar el sentimiento de comunidad frente al concejo de Antequera, que en definitiva era el propietario de las tierras repartidas, entendiendo que el medio más eficaz para hacerse con la propiedad de sus lotes era la segregación. Y para conseguir ese objetivo llevaron a  cabo una compleja estrategia basada en tres puntos fundamentales:

                a) El impago de la renta.

b) La usurpación de tierra pública.

c) La resistencia a los embargos.

Un procedimiento este último al que el cabildo antequerano intentó aplicar sin éxito algunas medidas, en varias ocasiones, con el fin de asegurarse el cobro  de los arrendamientos.

El resultado final de esta estrategia condujo a que las aldeas lograron la segregación y  la mayoría de los “sorteros” se hicieron ilegalmente con la propiedad de las tierras públicas repartidas por la antigua cabecera municipal (Antequera); tierras públicas que, tras la segregación, pasaba  a estar ubicadas en el término del naciente municipio.

Como podemos ver, las usurpación de tierras comunales y baldíos desde que nace la actual Fuente de Piedra fue una constante y al ir acompañadas de roturaciones se perjudicó seriamente la superficie boscosa y, consecuentemente a la cabaña ganadera, que entró en rápido retroceso.

4º.- Una vez segregada de Antequera, la población villafontense, que venía muy diezmada por las epidemias, resurge de nuevo con una fuerza tan extraordinaria que la densidad poblacional aumenta hasta cotas muy altas. A ello se suma la afluencia de labradores procedentes de Estepa, Campillos y poblaciones aledañas, que vienen a sustituir parte de la mano de obra que las epidemias se cobró, dando lugar, tanto el crecimiento vegetativo como la llegada de estos jornaleros, a que se dispare la densidad demográfica de forma geométrica respeto a los años anteriores. Y esta población que se ha venido asentando trabaja también como asalariada labrando las tierras que pertenecían a la iglesia, cofradías, hermandades, etc. y con la desamortización de Mendizábal (1836) pasan a poder del Estado, que las sacó a subasta para obtener de ellas un rendimiento, o las cedía a alguna institución como ocurrió con La Rábita, que pasó a depender del establecimiento de Beneficencia. Pero, en uno u otro caso había que ponerlas en explotación para obtener el rendimiento que se esperaba de ellas y se hacía necesario disponer de jornaleros que la labrasen.

En todo este avatar (recordemos que muchos de los terrenos que se habían roturado o desecado en tiempos de Carlos III y se habían puesto en producción y que aún no habían sido escriturados por sus “propietarios”), hasta acreditar la titularidad estas tierras mediante documento público, se produjeron enfrentamientos entre el Estado y los vecinos e incluso entre los terratenientes y los vecinos ya que los primeros se hacían pasar por titulares de las mismas, sin poder acreditarlo por falta de escrituras, pero aludiendo múltiples razones (sirva como ejemplo el caso de Los Cachones, asunto ya tratado en otro capítulo).

Por otra parte, los “sorteros” se hicieron con la propiedad de los terrenos que cultivaban y les habían sido asignados medio siglo antes. Pero al no haber satisfecho las cantidades correspondientes, su situación era ilegal. Años más tarde se abrirían 62 expedientes para regularizar su situación; asunto ya comentados en otro artículo años atrás, al referirnos a la problemática surgida con los terrenos desecados y puestos en explotación de Las Albinas.

Hasta finales del siglo XIX no se resolverían la casi totalidad de los expedientes. A partir de entonces, la propiedad de la tierra en el término municipal de Fuente de Piedra quedaba regularizada y lo que fueron baldíos y tierras comunales y de propios, a lo largo de tres siglos fueron cambiando paulatinamente de manos; pasando de públicas a privadas.

 

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo.- La tierra::

Los repartos sucesivos de tierra

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

(1) FERNÁNDEZ PARADAS, M.: “De apropiaciones y privatizaciones: El patrimonio territorial del Concejo de Antequera (siglos XV-XIX)”. Tesis doctoral inédita. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Málaga. (1998)

(2) FERNÁNDEZ PARADAS, M., “La venta de baldíos en la Antequera del quinientos: la reformación de Junco de Posada (1576)”, Revista deEstudios Antequeranos, 11 (2000).

(3) ESPEJO LARA, J. L, y PAREJO BARRANCO, A., “Evolución de la propiedad agraria en Antequera después de la conquista. El informe del licenciado Junco de Posada y las ventas de tierras públicas”, Actas del V Coloquio Internacional de Historia Medieval de Andalucía. Andalucía entre Oriente y Occidente (1236-1492),Córdoba, 1988

(4) El primer reparto tiene lugar a lo largo del siglo XV, y de forma más intensa a finales de ese siglo con el repartimiento llevado a cabo por el bachiller  Juan Alonso Serrano, que supuso la revisión de las dos distribuciones que se efectuaro en el cuatrocientos.

(5) BRAVO CARO, J.J. y FERNÁNDEZ PARADAS, M: “La venta de baldíos en la Andalucía del quinientos: las reformaciones de Junco de Posada” en Chronica Nova, 28, 2001. Dpto. de Historia Moderna y Contemporánea. Universidad de Málaga.

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