Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

 

Edad Antigua

 

29.a

LA VIDA BAJO EL DOMINIO ROMANO

La economía, sus usos, costumbres, religión...

Poblacionalmente, el término de Fuente de Piedra durante dicho período estuvo ocupado muy desigualmente. Hemos podido comprobar cómo se inicia una ocupación hacia el siglo II a. de C., y cómo se va desarrollando. Comprobamos que no lo hace de forma intensa, pero sí constante hasta el inicio de nuestra era para, a partir de entonces, ir descendiendo durante el siglo I d. de C. y llegar a niveles mínimos de población en el segundo tercio de ese mismo siglo.

El grueso de esta población se concentraba en las inmediaciones al pueblo actual por sus zonas norte y este; fundamentalmente en los parajes conocidos como Castillejos-Villares y Cerro La Virgen-Cementerio, describiendo un amplio arco rico en material arqueológico, como ya hemos apuntado en otra parte. Acerca del nombre con que fue conocido el lugar también hacíamos referencia a una población romana: Urgao o Urgapa, por ambos topónimos conocida y que en el Geógrafo Anónimo de Rávena (Annonymum Ravennatis) leemos entre dos poblaciones: Osipón (Estepa) y Antigaria (Antequera). Por su parte, el historiador romano Plinio la sitúa en un marco más extenso y menos preciso: entre el Baetis (Guadalquivir) y la costa y a dicha población da el sobrenombre de Alba que en latín significa: blanco-blanca. Entre Estepa y Antequera, que sepamos, sólo vemos incluso desde gran distancia una sola mancha blanca en el paisaje: La Laguna Salada, especialmente durante el estío, cuando el recipiente, seco, lo vemos convertido en un gran desierto de sal, destacando sobre el resto del paisaje.

No es óbice la carencia epigráfica, máxime si tenemos en cuenta que desde Antequera, allá por el siglo XVI, concretamente el día 7 de mayo de 1595, reza en las actas del Cabildo como se tomó la decisión de recoger todas las inscripciones antiguas y esculturas tanto de la ciudad como de los lugares comarcanos que habían ido apareciendo y que se encontraban la mayor parte de ellas en poder de particulares, con el fin de incrustarlas en el Arco de los Gigantes, “para que no se pierda la memoria de la antigüedad y nobleza” de la zona. Esto marcó un hito importante pues podríamos decir que fue el primer museo al aire libre que se creó en España, a pesar de traer a historiadores y estudiosos del tema de cabeza acerca de la procedencia de las mismas.

Algo similar ocurrió con el Ara que resalta la virtud de las aguas de la “fuente de la piedra”, que se encontraba en el Hospital de la Concepción cuando el historiador Ambrosio de Morales escribía sus notas, y los más antiguos del lugar les comentaron como pertenecía a nuestra fuente y fue trasladada allí. Sin estas aclaraciones hoy ignoraríamos su existencia.

En niveles mínimos decíamos fue ocupado el lugar hasta finales del siglo II (reinado de Marco Aurelio), en que se inicia una crisis que se acentuar  medio siglo más tarde; durante el período conocido como Anarquía Militar (235-268) y que contribuye, junto a otros factores, a un desplazamiento de la vida urbana al mundo rural, pasando las villae a ser los centros de producción.

Con ello aumentan las “villae” en todo el término municipal de Fuente de Piedra intensificándose en torno a La Laguna con clara diferencia respecto a otras zonas en cuanto a riqueza arqueológica y nivel de vida de la población se refiere, motivado por el reinicio de la producción salina durante los siglos III, IV y principios del V.

Esta industria pudo soportar mejor la crisis económica que otros sectores dando lugar a la creación de una compleja red viaria que puso a la zona en comunicación con los puntos más importantes de la comarca. La ruta Hispalis-Antikaria pasaba por la Realenga de Sevilla o Camino de la Cruz y a ella tenían acceso otras rutas menores por las que se conducía la sal y productos agrícolas. Estos ramales son: uno que siguiendo el Arroyo de Santillán, llegaba a la Laguna bordeándola en su totalidad. Un ramal partía de las inmediaciones de La Herriza, siguiendo una cañada, dirección Navahermosa para continuar hasta La Roda de Andalucía. Un poco más al sur de este ramal, partía otro hacia el oeste, a la altura del Cortijo Campos dirección a Sierra de Yeguas, dejando comunicadas las termas de dicho lugar. Finalmente, otro ramal, partía a la altura del Cortijo La Rábita hacia el S.E. dirección Campillos. El continuo laboreo ha deteriorado dichas vías, sin embargo, en este último ramal se puede apreciar un vado, el único existente en la provincia, según hemos indicado anteriormente.

La agricultura (trigo, vid y olivo) jugó un papel importante a la par que la producción salinera, desplegándose en todo el término y avalado por el alto número de almazaras y molinos encontrados en dichas “villae”, respondiendo a la tónica general del Imperio durante los siglos III-IV.

La ganadería también tuvo su importancia a juzgar por el precio de las carnes de sus cabañas. Al respecto leemos:

“Ya se vé, que no diría menos el más ignorante; pero nuestro Dr. Balboa añade lo que parece más conforme, respecto de dicha laguna, y es, que el terreno está  poseído de una matriz salina, que es bastante para efecto, y lo comprueba, en que gustadas las cañas del Trigo, y demás Mieses, que se crian allí cercanas, se perciben muy saladas, y que los ganados, que pastan en sus inmediaciones, tienen la carne más sabrosa y de mejor gusto. Esto es regular, y ya Virgilio en su tiempo lo notó diciendo: Et satis occultum referun in late saporem.”1

Durante el Bajo Imperio (III-IV) la población vivió replegada en sus villas, tanto los patricios que habían abandonado la ciudad, como los plebeyos que ocupaban todo su tiempo en las labores agrícolas o industriales. Los patricios, en cambio, aparte de llevar la administración de sus predios disponían de tiempo para el relax y la diversión. Siguiendo la costumbre romana estos se reunían en las termas donde aparte de tomar los distintos baños: caliente, templada y fría (caldearium, tepidarium y frigidarium), tomaban el sol (solarium). Este punto de encuentro se situaba en las inmediaciones a La Laguna, en las conocidas termas de Sierra de Yeguas, lindantes con nuestro término por el oeste, junto al desaparecido Cortijo Escobar, al oeste de Campos y La Herriza.

Este yacimiento fue estudiado años atrás, y posteriormente cubierto para evitar el expolio. Del resultado de la excavación se dedujo que estas termas fueron levantadas a finales del siglo II.

Podemos con ello concretar que esa vuelta al mundo rural de una población de gustos exquisitos, que anteriormente hacía la vida en la ciudad (Antikaria), al desplazarse a sus haciendas rurales echó en falta las comodidades de la urbe e intentó paliar la situación y para ello se construyeron estas termas en las que los más afortunados disfrutaban en sus tiempo de ocio, aparte de los baños, con juegos, lecturas, conversaciones, etc.

Desde el punto de vista religioso hemos de considerar a la población indígena existente antes de la llegada de los romanos; sus divinidades y lugares de culto, los cuales, sin duda, fueron agregados al panteón romano. Roma siempre fue transigente con las religiones, respetando las creencias y los cultos de los pueblos sometidos siempre que no interfiriesen en sus planes de dominio. Sólo influyeron promocionando el culto a la Triada Capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) que junto a otros dioses menores constituían la religión oficial del Imperio.

Y decíamos que había que contar con las creencias de la población indígena porque las mismas continuarían bajo el dominio romano. Así sabemos que el lugar en que se pensaba se había manifestado una divinidad o hubiese sido consagrado por el hombre, adquiría el carácter de sagrado. Un bosque, un monte, un  árbol, una fuente o una corriente de agua podían ser considerados sagrados si en ellos se había producido alguna teofanía.

Las barreras que separaban lo sagrado de lo profano se quebraban con mucha facilidad. Sagradas eran las encrucijadas de caminos (consagradas a los dioses Lares) y sagrados eran los recintos donde brotaban aguas salutíferas (consagrados a las Nymphae o Aquae Sacrae). No hay que pensar que en estos lugares existían siempre templos; eran, sencillamente, recintos sacros que se diferenciaban del resto del paisaje por unas marcas, hitos o linderos que indicaban el comienzo de lo sagrado.2

No sabemos si la población indígena conoció las propiedades terapéuticas del manantial, si bien hemos de recordar que restos muy anteriores a los que nos estamos refiriendo, concretamente prehistóricos, del Neolítico, se han encontrado en el subsuelo.

 Lo que sí sabemos es que en época romana esta cualidad del agua era conocida y en consecuencia la fuente fue considerada DIVINA y por tanto hemos de pensar que el recinto fue considerado sagrado.

Ahora bien, cabe preguntarse ¿Qué espacio ocupaba ese recinto sacro? Sabemos que el espacio del recinto se  diferenciaba del resto del paisaje por unas marcas, hitos o linderos que indicaban el comienzo de lo sagrado. Estos hitos, la mayor parte de las veces lo facilitaba el propio terreno, un desnivel, una elevación o alguna otra característica particular.

Analizando el terreno donde se encontraba la FONS DIVINUS y el alcance de sus aguas, estas marcas o linderos, a nuestro juicio, incluían como territorio sagrado el siguiente espacio, siempre tomando como centro la “fuente de la piedra”:  

- Por el norte: hasta las “higuerillas”, donde el terreno se quiebra en bajada.

- Por el sur: Hasta la actual C/ El Castillo.

- Por el este: final de la subida de la C/ Ntra. Sra.  de las Virtudes, aunque es probable, dada la afluencia de corrientes de agua hacia el venero, que la marca la delimitase el pié del cerro de la Virgen, a la altura de la vía de servicio o un poco más al Levante.

- Por el oeste: hasta la tristemente desaparecida Casería de los Marqueses de Fuente de Piedra, donde el terreno también se quiebra en bajada.

Si trazásemos una línea imaginaria que uniera esos puntos obtendríamos de forma muy aproximada, el recinto sacro de la FONS DIVINUS.   

Y por supuesto, todo espacio sacro era consagrado a un dios. En nuestro caso, como cabría esperar, dadas las propiedades curativas de agua, lo sería al dios SALUT (dios de la salud).

Respecto al Cristianismo, a pesar de quedar constancia en Hispania de comunidades cristianas hacia el año 180, pensamos que llegó muy tardíamente a la zona, a juzgar por esa lápida funeraria, comentada páginas atrás, en que el difunto es consagrado a los dioses Manes, o sea, a los espíritus de los muertos.3

 

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo.- EDAD ANTIGUA

Período Romano:

La vida bajo el dominio romano

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

 

 

1.- GOMEZ DE BEDOYA Y PAREDES, Pedro.: Historia Universal de las Aguas Minerales Madrid 1764, pág. 252.

2.- BLAZQUEZ, J.M. y otros: Historia de España Antigua. Tomo II Hispania Romana. Madrid 1985, pág. 619.

3.- Íbidem, pág. 645.

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