Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

El Agua

(Cara y cruz de una misma moneda)

          Las monedas tienen dos caras y el significado que demos al anverso tendrá su opuesto en el reverso. En este sentido si una cara representa lo blanco, la otra simbolizará lo negro, si una es la luz, la otra la oscuridad y, si la cara es la vida, la cruz será la muerte. Pues bien, el agua en Fuente de Piedra ha sido, es, y probablemente siga siendo, esa moneda con dos caras y significado opuesto. En este caso, la vida y la muerte.

         Sí, ha leído bien. Para no andarnos por las ramas e ir directos al grano, el agua le ha dado a Fuente de Piedra la vida, pero también la muerte. Veamos cómo.

         Decimos vida y, en efecto, gracias a las “virtuosas” aguas de la Fuente de la Piedra, nace en 1547 el pueblo del mismo nombre, lo que supone la vida. Pero esas mismas aguas, dos siglos más tarde, estancadas por falta de corriente atarquinaron El Prado y las epidemias causaron tal mortandad que el pueblo estuvo a punto de desaparecer. Por tanto, gracias a dichas aguas nació el pueblo, pero también debido a ellas estuvo a punto morir. (Para más datos véase inscripción en el cancel de la iglesia)        

         Y si esto ocurría con las aguas de la fuente pública, otro tanto sucedía con las de La Laguna Salada, convertida año tras año en zona pantanosa durante el estío y foco de enfermedades como el paludismo o malaria, afectando de continuo a los vecinos de Fuente de Piedra. Quizá un dato esclarecedor de la situación en aquel tiempo sea el que Alonso García de Yegros, a mediados del XVII y a un siglo vista del nacimiento del pueblo, en su Historia de la antigüedad y nobleza de la ciudad de Antequera, recoge diciendo: «Y por cuanto es muy enfermo este lugar, por razón de los vapores de la Laguna salada que allí está, suele estar sin Cura, por no haber quien quiera serlo; en este caso, sirven el curato los curas de Mollina». Sin embargo, la llegada en la segunda mitad del siglo XIX del médico Serrano ─del que ya dimos cuenta en una nota anterior─, supuso «dar la vuelta a esa moneda» hasta presentarnos la cara opuesta, la positiva.

         Si el párrafo anterior es la cruz de esa moneda, hoy, superados esos problemas, la Laguna Salada nos presenta su anverso, o sea, su cara positiva, manifestada en ese hervidero de vida que en primavera explosiona de forma tan majestuosa e impresionante, que no hay palabras para describirlo. Hay que verlo, sentirlo, vivirlo. Y un buen lugar para hacerlo pudiera ser desde la sombra del chaparro del Cerro del Palo.

         Claro que, eso sí, cuando estemos disfrutando de la belleza de La Laguna Salada y su alrededor, reflexionemos un poco, echemos la vista atrás y recordemos para no olvidar que en Fuente de Piedra, sus aguas, como toda moneda, tienen su cara, pero también han tenido su cruz.

Francisco Muñoz Hidalgo

 

 

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