Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

Prehistoria y Protohistoria

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EDAD DE LOS METALES

De 3 000 a. de C. a 200 años a. de C.

La historia es un incesante

volver a empezar

(Tucídides)

Durante el III y II milenio a. de C. es evidente la relación existente entre los focos megalíticos de las vegas de Antequera y Carmona, recibiendo estímulos cultura­les, con una comunicación fácil y sin ningún obstáculo natural que lo impida, a lo que hay que sumar la escasa distancia entre ambas vegas, cuya característica común viene a decirnos lo que esta gente, en su avance hacia el interior, buscaba: tierras de cultivo.

Valorando la situación de La Laguna Salada entre esos focos megalíticos y las cualidades del terreno que la circunda, este espacio, vacío quedaría injustificado. Las recientes investigaciones llevadas a cabo han puesto de manifiesto lo que en un principio presagiábamos: la pre­sencia humana durante el Calcolítico. Aunque mínimos, los restos encontrados en el Cerro de la Virgen, como es un pequeño resto de cerámica manual perteneciente a un cuenco de borde engrosado al interior y una punta de flecha de sílex, con aletas laterales y base cóncava, atri­buible a una facies antigua de este período cultural[1] vie­nen a testimoniar la ocupación durante el III milenio a. de C. Más abundantes son los restos de la fase Plena.

Encuadrable en el tránsito del III-II milenios a. de C., o sea, en un período amplio que englobaría el Cal­colítico-Bronce, estarían algunos fragmentos (borde de cuenco confeccionado a mano y punta de flecha de base cóncava y aletas laterales), recogidos en 1996, depositados en el Museo Arqueológico Provincial.[2]

Pertenecientes al II milenio serían varios frag­mentos de cerámica manual encontrados en el Camino de las Albinas, de características diversas, textura superficial y tipología que se acerca a las formas convencionales de la Edad del Bronce.

Más explícitos son los restos enmarcables en el I milenio a. de C., con los que entraríamos en la protohis­toria.

El sufijo «-ippo», para García de Diego,[3] es de ori­gen fenicio. Así tenemos Cedrippo (Alameda),[4] poco más al norte Ventippo (Casariche)[5] y hacia el oeste Ostippo.[6] Y parece ser que atraídos por la sospecha de oro, los fenicios que penetraban al interior peninsular, bien desde Málaga, bien subiendo el río Chrysus «[…] se detienen inexplicablemente al llegar al río Síngilis (Genil) y renuncian a buscar la leyenda de la Plata de las fuentes de Tartessos».[7]

Igualmente, parece seguro el aplastante dominio del comercio fenicio que relaciona el Valle Medio del Genil con las factorías de la Costa del Sol.[8] Esta activi­dad comercial hubo de realizarse a través de una ruta terrestre que pasaría por los citados puntos (Cedrippo, Ventippo, Ostippo), dejando a poniente, pero bien visi­ble, La Laguna Salada de Fuente de Piedra.

Dado el carácter comercial de estas gentes, para las que parte de su economía se basaba en la salazón de pescado, sobre todo en las factorías de la costa, ya apuntábamos en publicaciones anteriores[9] la posibilidad, hoy materializada, de que estos pueblos prestaran su atención a La Laguna Salada, que cuaja todos los años sin necesidad de industria alguna. Los restos cerámicos de manufactura fenicia encontrados dentro del propio casco urbano y sus inmediaciones,[10] es posible que proce­dan de los alfares semitas de la costa malagueña y sean fruto del intercambio con la comunidad indígena residente, cuando los púnicos, al adentrarse hacia el interior peninsular, atravesaban el actual término villa­fontense.

En el entorno de La Laguna Salada son numero­sas las muestras de materiales de raigambre fenicia. De la necrópolis protohistórica de La Noria se ha extraído objetos orientalizantes, lo que convierte al término muni­cipal villafontense: «[…] en una zona de transición hacia el hinterland fenicio de la costa malagueña, por lo que la conexión con la fuente de inspiración cultural oriental estaba asegurada».[11]

En este sentido tiene mucho que decir la necrópolis de La Noria, recientemente descubierta. La delimita­ción del yacimiento (15.000 m2) y los restos descubiertos ponen de manifiesto un gran potencial arqueológico, intacto en prácticamente su totalidad, convirtiéndolo en objeto de máximo interés para el estudio y conocimiento de la transición hacia la cultura ibérica en Andalucía, a juzgar por los restos analizados tras una primera inter­vención de urgencia. Estamos en los siglos VI-V. a. de C; en los inicios de la Edad del Hierro en la zona.

     El yacimiento lo compone una necrópolis y un área productiva romana. El uso de la necrópolis abarca dos períodos dentro de una amplia banda cronológica. Comparando las distintas estructuras y matizándolas, se pueden diferenciar hasta seis tipos distintos atendiendo a las siguientes variables:

  • Posibilidad de vincular distintos elementos o estructuras en un mismo complejo funerario.
  • Las diferencias de tamaño y mayor o menor com­plejidad en la morfología de cada estructura.
  • El contenido.

Decíamos que La Noria abarca dos períodos, estos son el protohistórico y el romano. Dejamos el segundo para más adelante y nos centramos en el pro­tohistórico para no desviarnos del avance cronológico.

      Es en estos siglos cruciales (VI-V. a. de C.) cuando a la población indígena, supuestamente tartesia, empezamos a llamarla ibera.

      Aunque descontextualizado, un trozo de frag­mento cerámico aparecido en superficie, posiblemente perteneciente a una imitación itálica de un kotiloi corin­tio, que habría que fechar en la primera mitad del siglo VI a. C., aporta un dato importante hasta el momento, en cuanto a la cronología más antigua de esta necrópolis orientalizante.[12]

      Respecto a las tumbas, el primer momento y más relevante lo constituyen las tumbas de incineración per­tenecientes a las fases iniciales de la Edad del Hierro.[13]

      Las tumbas, como decíamos más arriba, son de varios tipos. Así tenemos un primer tipo (Tipo 1) consti­tuido por fosas rectangulares de gran tamaño que, en algún caso presenta un resalte o escalonamiento interior que reduce sus dimensiones hacia el fondo. Se han detectado 5 tumbas excavadas en el sustrato geológico de 2,5 x 1,5 m y 1 m de profundidad, orientadas longitudi­nalmente dirección Este-Oeste. Tres de ellas se hallaron intactas y dos alteradas. Todas contenían ajuar cerámico y metálico. Una de las tumbas ha aportado un vaso con decoración de bandas rojas; tres cuencos de pasta gris de diferentes tamaños; un brasero de bronce con asas curvas y fragmentos de vástagos de hierro. Otra de las tumbas aportó dos cuencos relativamente pequeños, uno de ellos de barniz negro; otros dos cuencos de mayor tamaño y una jarrita con decoración de bandas rojas y negras, junto a trazos rojos.

En una tercera tumba el ajuar lo compone una jarra con decoración de bandas rojas, similar a algunas de las obtenidas en el yacimiento de Cruz del Negro (Car­mona), un plato de pasta gris, un jarro de bronce y un brasero, también de bronce, con asas y remaches.

      Este tipo de tumbas tienen un nivel deposicional de tierra sobre el que se deposita el ajuar, localizado en la base de un estrato de carbones de bastante potencia. Esto, junto con las evidencias claras de rubefacción de las paredes de las fosas, indica que se trata de incineraciones de carácter primario en las que la cremación se realiza in situ (bustum).

      En un segundo tipo (Tipo 2) se encuadran cuatro sepulturas rectangulares, de menor tamaño que las ante­riores (1,50-1,70 m de longitud por 0,50-0,70 m de anchura y una profundidad que oscila entre los 0,5 y 1 m), también orientadas Este-Oeste, con presencia de car­bones y marcas de combustión. Por las mismas razones que las anteriores se considera que las incineraciones son primarias (bustum). Respecto del ajuar, más modesto que las del primer grupo, no por ello es menos interesante; una de las sepulturas contenía una urna y un cuenco de pasta gris; en las tres restantes se recogieron fragmentos cerámicos y vástagos de hierro.

      Al tercer grupo (Tipo 3) pertenecen una serie de fo­sas de tamaño variado con rellenos y presencia de car­bones. Sus dimensiones oscilan entre 1 m de longitud, 0,3-0,6 m de ancho e inferiores a 0,2 m de profundidad. En ellas aparecen fragmentos cerámicos.

      Se documentan siete contextos de este tipo, aun­que sólo en algunas de ellas hay presencia de material cerámico asociado. Destaca las reducidas dimensiones de estas fosas, similares a algunas de las documentadas en Cerro del Arquitón (Carratraca, Málaga), interpretadas estas últimas como el emplazamiento de la pira, a partir de la presencia de troncos a medio calcinar y fragmentos de hueso. En el caso de la necrópolis de La Noria, la ausencia de este tipo de indicios supone una diferencia muy significativa que hay que resaltar.[14]

      Y al cuarto grupo (Tipo 6) pertenecen seis fosas irregulares y de diversos tamaños, que no presentan homogeneidad en su morfología ni en su orientación. En una de ellas, de forma circular, aparecen restos cerámicos muy fragmentados pertenecientes a una urna que con­tenía restos de huesos quemados y pequeños carbones.

Hasta ahora hemos visto, agrupados con cierta homogeneidad, cuatro tipos distintos de sepulturas. Sin embargo, en conjunto, respecto de la organización espa­cial de la necrópolis hemos de decir que los trabajos rea­lizados han puesto de manifiesto la presencia de fosos de sección en «V» excavados en la roca base, los cuales acotan el espacio circular del túmulo, en cuyo centro se sitúa una estructura funeraria de las que hemos presen­tado como del primer o segundo tipo. Los túmulos tienen tamaños similares que giran en torno a los 12 m de diá­metro, salvo el mayor de todos que alcanza 22 m (Túmulo C), con una potencia máxima documentada de 1,50 m. Hasta el momento se han contabilizado una decena de túmulos, detectando mediante el registro arqueológico que algunos fosos no cierran por completo, por lo que queda una especie de acceso que permite subir hasta la cima de la colina funeraria.

Otro aspecto a considerar y que llama la atención es la organización de estos fosos, que se disponen alrede­dor del de mayor tamaño y más prominente (Túmulo C), lo que viene a indicarnos una posible ordenación de la necrópolis atendiendo a cuestiones de jerarquía social que investigaciones futuras podrán determinar si res­ponde, bien a una jerarquía interna de linaje, bien a una jerarquía política. 

          

      Al hilo de la información aportada por la necrópo­lis orientalizante de La Noria, diremos que tras la batalla de Alalia en 535 a. de C. el reino de Tartessos desapa­rece. La población indígena que ocupa el sur de España queda englobada, según la definen geógrafos e historia­dores posteriores, en cuatro grandes grupos: oretanos, bastetanos, mastienos y turdetanos. El actual término municipal de Fuente de Piedra queda enclavado en este último. Y es esa población la que debió comerciar con los púnicos, si es que no fueron dominados por ellos, a juz­gar por los restos arqueológicos encontrados y los textos literarios que hacen alusión al tema. He aquí una frase de Estrabón que con la máxima precisión y exactitud refleja este fenómeno:

«Porque estos fueron dominados por los fenicios que la mayor parte de las ciudades de Turdetania y de las regiones vecinas están habitadas por ellos».[15]

También dice este historiador y geógrafo de los turdetanos:

«Tienen fama de ser los más cultos de los íbe­ros, poseen escritura propia y antiguas crónicas, poemas y leyendas en verso, que según afirman, cuentan seis mil años».[16]

Los turdetanos, descendientes de los tartesios, adquieren dicho nombre por evolución de la palabra. Tar­sis, su metrópoli, fue en la antigüedad un centro comer­cial de gran importancia. De ello queda constancia en la Biblia. Su mayor auge lo conocieron en el siglo V a. de C., al cultivar de olivos y viñas los valles del Guadalqui­vir y del Genil y las zonas que los circundan. Monedas acuñadas en Carmona y Ulía lo confirman. En este sen­tido, en la necrópolis protohistórica de La Noria se observa un espacio productivo agrícola basado en alinea­ciones de fosas para el cultivo de la vid. Son estructuras de planta rectangular excavadas en la roca que mantienen dimensiones más o menos constantes y forman alineacio­nes paralelas en el sentido Noroeste-Sureste. Hasta el momento se han excavado 106 fosas que presentan un interés relevante.

El hoy arrasado Cerro de la Virgen, además de aportar restos en una amplia banda cronológica (Calcolí­tico-Bronce), también ha aportado restos encuadrables en el período que venimos tratando, destacando las ánforas, algunas de influencia púnica, datables entres los siglos VI - II a. C. Abundan también los restos de ollas, cazuelas y vasos, y en menor proporción la presencia de cuencos y platos.

            Hacia finales del siglo III a. de C. los turdetanos se resistieron a los cartagineses de Amílcar y Aníbal, convirtiéndose a los ojos de los romanos en el gran pue­blo de la España meridional.

Acerca de estos pueblos de los que venimos hablando, si, por una parte, es obvio que estuvieron esta­blecidos en la comarca, no hay una precisión geográfica que lleve a pensar que se asentaran en el término, si bien comerciaron y establecieron contacto con la población indígena.

Volviendo a los turdetanos, aun conociendo con exactitud el emplazamiento del poblado orientalizante al que perteneció la necrópolis de La Noria, localizado en sus inmediaciones y hasta el momento no excavado, en sus límites se han encontrado elementos que apuntan a un recinto fortificado. Poco más se puede decir de él hasta tanto no se lleven a cabo excavaciones sistemáticas que aporten los datos necesarios que completen el conjunto poblado-necrópolis. Otro dato interesante a destacar es la presencia de cerámica ibérica tardía (íbero-romana) en el Cerro de La Virgen, presentándose en fragmentos que­mados o fabricados defectuosamente y otros más tardíos, de tipología romana, que apunta a la existencia de un alfar y un asentamiento de población próximo.

A finales del siglo III a. de C., con la llegada de Roma, la población existente asimilará rápidamente sus costumbres al poseer un nivel cultural muy elevado y, oficialmente, Fuente de Piedra, entonces llamada Fons Divinus, entrará en la Historia.

 

 

[1] RECIO RUIZ, A. «Fuente de Piedra (Málaga) y el Cerro de la Virgen. Bases arqueológicas y expolio». Málaga: Rev. Mainake XXIX/2007, pp. 544.

[2] Ibídem, p. 548.

[3] GARCÍA DE DIEGO: «El sufijo –ippo y los fenicios». En Prehistoria y Arqueología. Actas I Congreso de Historia de Andalucía. Prehistoria y Arqueología. Córdoba: Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1983, pp. 35-39,

[4] Corpus Inscriptiorum Latinarun (CIL) II-1.444.

- GIMÉNEZ REYNA, S:  Memoria Arqueológica de la provincia de Málaga hasta 1946. Málaga: CEDMA, 1998. Edic. facsimilar.

[5] CIL, II-127.

[6] PLINIO SEGUNDO, C.  Historia Natural,  Madrid: Impresor Luis Sánchez, 1624, libro III-12, p.34; llamada Osipon en el Geógrafo Anónimo de Rávena Apud: PINDER, M y PARTHEY, G. Ravennatis Anonymi Cosmographia et Gvidonis Geographica. Berlin: F. Nicolai, 1860, p. 316.

y Astapa en Tito Livio (28-23-5) Apud: BYRCMAN, A. Todas las Décadas de Tito Livio. Amberes: Imp. Arnaldo Byrcman, 1609, fol. 276r y v.

[7] GARCÍA DE DIEGO: Op. Cit., p. 39.

[8] Lo atestigua la cerámica gris de manufactura fenicia aparecida en las excavaciones del Guadalhorce II fuente de hombro y labio carenado, que Schubart utiliza sobre todo para la datación de los estratos de Carmona en los que aparece. Apud: «El yacimiento fenicio de la desembocadura del río Guadalhorce» Málaga: Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Málaga. Serie Monográfica, nro. 2/1975, p. 80.

[9] MUÑOZ HIDALGO, F: Historia de Fuente de Piedra. Madrid: Ajalvir, 1982 y Crónica de Fuente de Piedra y su Laguna Salada. Málaga: CEDMA, 1995.

[10] Restos aparecidos en las inmediaciones al casco urbano del pueblo actual; en los Castillejos proyectándose también en su ladera Norte, en La Noria, en el Camino del Cementerio y la ladera Noroeste del Cerro de la Virgen.

[11] PACHON ROMERO, J. A. y ANÍBAL GONZÁLEZ, C.  «Un vaso chardón orientalizante en el Museo Arqueológico de Osuna (Sevilla)». Revista de la Univ. de Granada Florentia Iliberritana nro. 11, 2000,  p. 271

[12] JUNTA DE ANDALUCIA, (Consejería de Cultura). Anuario Arqueológico de Andalucía. Málaga: 2006. p. 3706 y ss.

[13] La descripción del yacimiento ha sido interpretada a partir de la publicación en el BOJA nro. 240 de 3-12-2008, pp. 97-100.

[14] BOJA 240, Sevilla 3-12-2008. p. 99.

[15] ESTRABÓN: Geografía, Madrid: Imp. Vda. de Ibarra, 1787,  (III, 2, 13)

[16] Ibídem, (III, 1, 6)

Vista general de la necrópolis de La Noria

Excavación arqueológica de La Noria

Alineamien5to de fosas excavadas para el cultivo de la vid

 

 

Fragmento de Historia Temática Villafontense

Capítulo.- PREHISTORIA:

Edad de los Metales

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

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