Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

 

Personajes con Historia

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EL BANDOLERISMO

 

El rey mandará en España,

pero en la sierra mando yo

(Jose María Hinojosa “El Tempranillo”)

(Artículo publicado en el programa de las Fiestas de Julio 2009)

Una de las características que define al siglo XIX es el bandolerismo. A la par que los franceses ocupaban la Península, éstos actuaron como guerrilleros independientes sembrando el desconcierto en las tropas de los gabachos. Algunos de ellos -no todos-,  contaron con la simpatía del pueblo que, más que ladrones, vio en ellos hombres sensibles a las tropelías que se cometían, al tiempo que guerreros valerosos y patriotas que no cesaban de obstaculizar la acción de los invasores.

Por el término de Fuente de Piedra deambularon o actuaron bandoleros legendarios como José María “El Tempranillo”  Francisco Ruiz González, alias “Pernales”, y otros muchos, menos populares, quizá porque la Historia no se ocupó tan a fondo de ellos, pero personajes de leyenda en definitiva, que veremos aparecer en las páginas siguientes.  

Expulsadas las tropas francesas de España y restablecida la monarquía absolutista de Fernando VII, la situación política y económica no era muy halagüeña, lo que dio pie a que no fueran pocos los que vieron en el bandolerismo una forma de vida, lo que conllevó el que los campos se volvieron inseguros, situación que se prolonga hasta principios del siglo XX.

Mantener el orden en Fuente de Piedra no fue tarea difícil. Lo difícil era mantener la seguridad en el término,  puesto que, de una parte,  las partidas de ladrones no cesaban de hostigar la zona dada su situación geográfica, a caballo entre Lucena, Estepa y Ronda, en cuyas serranías mantenían sus guaridas, y de otra, tener enclavada en el corazón del término municipal la Laguna Salada, que cada año sufría ataques y asaltos para extraerle la sal. La guinda la ponía la Venta de Las Salinas, situada en el cruce de caminos de Fuente de Piedra a Sierra de Yeguas con la vía pecuaria que tomaba dirección Córdoba. Venta en la que se daban cita contrabandistas y ladrones, borrachos y estraperlistas, cantaores de flamenco,  “tocaores” de guitarra y otras lindezas por el estilo. Venta hoy desaparecida pero que se situaba junto al puente por cuyos ojos discurren las aguas que del arroyo de Santillán van a morir a la Laguna Salada, y al que le ha dado su nombre: Puente la Venta, como aún hoy es conocido.

La Venta de Las Salinas nació antes que el propio pueblo. Su origen se remonta al siglo XV,1 y durante casi cuatro siglos sus paredes presenciaron notables hazañas y actos vergonzosos, y oyeron intrigas, conspiraciones e historias increíbles,2 la mayoría de las cuales quedaron enterradas cuando, a la par que el romanticismo decimonónico, desaparecieron.

En 1835 las Actas Capitulares del Ayuntamiento de Antequera recogen el siguiente hecho:

“Mientras se lleva a efecto el antecedente plan y se organizan las fuerzas que han de asegurar la tranquilidad de las Vegas para atender el mal urgente que nos agobia de ocho ladrones a caballo deberá permanecer inmediatamente una partida de doce hombres montados, distribuyéndose esta carga del modo siguiente: cuatro hombres la Ciudad, uno Mollina, uno Humilladero y Fuente de Piedra, uno Cuevas Bajas con la Alameda y tres que ha ofrecido la Comisión secreta de labradores.”3

Dos años más tarde, en 1.837, la Milicia Nacional de Antequera tuvo que auxiliar al Comandante del Resguardo de la Laguna de Sal de Fuente de Piedra para evitar la producción.4 Recordamos que por estas fechas estaba prohibida la extracción de sal de La Laguna.5

Los bandoleros, bandidos, ladrones o criminales, proscritos, salteadores o forajidos, habían abundado en la zona, abundaban y, como veremos, seguirán abundando durante muchos años más, ya que el problema era directamente proporcional a la situación económica, o sea, que iba de mal en peor. De esta forma, en 1841 se mandó para que campease por el pueblo al capitán de la 1ª Compañía del Escuadrón de la Milicia Nacional de Antequera, al objeto de batir la zona y “limpiarla de ladrones”.6

La situación era cada vez más preocupante. Ese mismo año el alcalde había tenido noticia reservada7 de que el famoso ladrón llamado Francisco Pino, alias “Pinorro”, había pedido al vecino José de Rojas 2.000 reales y a Francisco Sahavedra, aperador de D. Diego Casasola, 4.000 reales, anunciando que iría por ellos esa noche. Esta vez al ladrón le salieron mal las cuentas, pues aprovechando la presencia del capitán de la Milicia Nacional y su tropa, apoyada con la participación de varios vecinos del pueblo, lograron capturarlo a la caída de la noche. Sin embargo, como no había cárcel propiamente dicha, trasladaron al tal “Pinorro” a la cárcel de Antequera con una nota del alcalde que venía a decir algo así como que se lo mandaban para que lo custodiasen ellos por carecer de local de seguridad en Fuente de Piedra, que se las entendieran allí con él y le diesen la dirección que le correspondiera.

Dado que los robos eran cada vez más frecuentes, el gobernador civil aprobó el establecimiento de dos partidas de seguridad,8 con el fin de mantener a raya a los malhechores y delincuentes que, con batidas o sin ellas,  campeaban a sus anchas. Para financiarlas se presupuestaron 1.167 rs. y 12 mrs.   Los resultados fueron poco satisfactorios ya que al año siguiente, 1843, otra cuadrilla de ladrones tuvo asustada y en jaque a la población. De ello ya daba conocimiento el capitán del Primer Distrito de Antequera que solicitaba la colaboración del pueblo para apresarla.9 Entre salida y salida el tiempo fue pasando sin conseguir capturarlos y las consecuencias no se hicieron esperar: el 4 de octubre, 18 ladrones montados a caballo secuestraban a don José García del Águila, labrador del cortijo de Sequera y a don Manuel de la Fuente Reyes, hijo de la dueña del cortijo de Cabrera, pidiendo un alto rescate por ellos. Dada la gravedad de la situación la respuesta del pueblo no se hizo esperar. El alcalde reunió a 22 vecinos y montados a caballos iniciaron la persecución adentrándose incluso en la provincia de Sevilla, aunque sin resultado positivo.10

Desde entonces, las cuadrillas de bandoleros que habían venido actuando en la zona, bien por la gravedad del asunto que acabamos de tratar, bien por la intensificación de las persecuciones que se venían practicando, desaparecieron durante un tiempo, según se desprende de una comunicación dirigida al Jefe Político Provincial días más tarde,11 donde se daba a entender que los vecinos son los suficientemente valientes para hacer frente a los malhechores como lo han demostrado en otro tiempo. Pero la llegada por sorpresa de los bandidos era, según palabra del propio alcalde, “inremediable”. 

Claro que una cosa es la “bravura” en caliente y otra muy distinta cuando, con los ánimos más calmados se reflexiona sobre lo que puede volver a ocurrir. En consecuencia, los ediles, ya más serenos llegaron a la sabia conclusión de que la única forma de evitarlo era tener una fuerza permanente que patrullase por el término. Después de discutir el número de hombres que habían de componerla se llegó al acuerdo de elevar un escrito al Jefe Político para que cooperase en la creación de una partida de caballería e infantería que debía estar compuesta por unos quince hombres, vecinos del pueblo y que al mando del que había sido años atrás teniente del Resguardo de la Laguna, D. Francisco de Paula Castilla, considerado persona muy capaz y conocedora del término, pusiese en su sitio a la gavilla de bandidos que constantemente azotaban la zona y así dar un respiro a los habitantes de los cortijos que constantemente sufrían el acoso de estos bandidos.12

Con ello, lo que se perseguía era la necesaria ayuda financiera para costear a la patrulla de vigilancia ya que la situación económica del vecindario no pasaba por momentos brillantes.

El año 1.844 fue preocupante para los responsables de protección y seguridad pública, a tenor del incremento de robos y raptos que se estaban produciendo en toda la comarca. Hemos visto como fueron secuestrados dos labradores en 1843. Pues bien los bandoleros tras unos meses de silencio vuelven a la carga y dan una paliza a don José Hidalgo, guarda del Cortijo de Sequera y a su amo, al que llaman “El Lego”.13 A todas luces, clara venganza por no atender a las peticiones de los raptores en su totalidad, pues si bien el rescate se pagó, es muy probable que la información dada a las autoridades por los raptados una vez liberados fuese crucial para desarticular la banda, como de hecho ocurrió.

Desde Antequera se desplazó el cirujano médico forense D. Antonio Mir para reconocer y curar a los heridos de la paliza recibida y tomarle declaración de los hechos. Al parecer los culpables fueron individuos que habían pertenecido a la cuadrilla del bandido “Navarro”, que había sido desarticulada, como hemos apuntado más arriba y pasada por las armas. Pero del grupo inicial consiguieron escapar algunos de sus miembros que se reorganizaron ampliando su plantilla con nuevos adeptos. En total eran ahora unos 8 hombres que volvían a las andadas y frecuentaban Fuente de Piedra. Casi con total seguridad, éstos fueron los mismos que dieron la paliza a José Hidalgo y al “Lego” de Sequera, conclusión a la que se llega, dado que de lo vasto del término municipal fueron directamente al lugar donde habían actuado anteriormente.

En 1845 continúan los problemas de bandolerismo y contrabando. En la madrugada del 22 de abril, el alcalde de Campillos consigue apresar a uno de ellos, pero el resto pudo escapar. Habían tomado dirección Fuente de Piedra y recomendaba que se les saliese al paso y reconociesen el Monte de la Doctora, el Cortijo de Campos, Los Risquillos, Cruces, Las Monjas, Palomo, Huitrona, Quinta de la Marquesa, Concejil, etc.14 La búsqueda resultó infructuosa.

El verano de ese mismo año se producen nuevas incursiones. Esta vez son nueve los bandidos, que tuvieron un choque en la Sierra de la Nava. La partida estaba comandada por el bandido “Caparrota”.15

Según el alcalde, en su momento no se vio al tal “Caparrota” por Fuente de Piedra, afirmando el edil que debido a que los “vecinos siempre estaban dispuestos a perseguirlos” no se había atrevido a entrar en el término villafontense. Sin quitar mérito al valor de los vecinos, del que nunca hemos dudado, más bien nos inclinamos a creer que lo bordearon habida cuenta que en él estaba permanentemente la fuerza del Resguardo de La Laguna Salada, motivo suficiente para hacer desistir a los  bandidos de adentrarse en el término, tras una fechoría reciente, sabiendo que sería alertada la fuerza colindante.

En lo que respecta al contrabando, al alcalde se le secaba la lengua diciendo que ningún vecino del pueblo se dedicaba a estos menesteres.16 Se le exigía que tuviese al corriente las licencias de armas y que anulase las de aquellos que creía que podían estar inmersos en tráfico de contrabando. Además lo amenazaron con imponerle una multa de cincuenta ducados por irresponsable si se encontraban indicios de haberse saltado dicha normativa o no prestarle la debida atención.17 Pero el alcalde, firme en su puesto y defendiendo a su pueblo, siguió informando negativamente. La boca se le seguía secando para pregonar a los cuatro vientos que Fuente de Piedra era un pueblo “ejemplar”, que quedara claro.

El Comandante del Resguardo tenía que velar no sólo por el cuidado de la Laguna, donde “crecían” efectos estancados (la sal), sino que como cuerpo militar tenía la obligación de mantener la seguridad y el orden en la zona. En consecuencia, puesto que a mediados de octubre de ese año se habían producido unos disparos que pusieron en alerta tanto a la población como a parte de los componentes del Resguardo, su Comandante no tardó en dirigirse al alcalde poniéndole sobre aviso de tales hechos, advirtiéndole que si sorprendía a algún individuo que hiciese uso de las armas, que estaban prohibidas, se vería obligado a conducirlo de cárcel en cárcel hasta presentarlo ante el Sr. Jefe Superior Político de la Provincia.18

Era a la sazón D. Melchor Ordóñez el jefe de la Seguridad Pública de la provincia y acusaba a los alcaldes como responsables de la persistencia de estas partidas de ladrones por no haberlas perseguido en otros tiempos.19 En fin, más de lo mismo. Es decir que repetía las palabras de sus antecesores en el cargo.

Pero el Destino parece que va encadenando los sucesos de tal forma que se van enlazando unos a otros y si la situación ya era mala, empeoraba por momentos. Pocos días más tarde de haber recibido la reprimenda se fugan unos presos y se cree que se acantonan en la sierra de La Camorra. Como era de esperar se puso “a galope” a los alcaldes de Fuente de Piedra y Alameda, los cuales registraron escrupulosamente la zona,20 incluyendo casas de campo y visitando a sus moradores sin que nadie observase anormalidad alguna y si la observó, dijera esta boca es mía.

En noviembre de ese mismo año de 1847,  bajo el más estricto secreto se formó una partida de villafontenses armados, aun careciendo de licencia de armas, con el fin de apostarse a las 5 de la madrugada del día 8 a ambos lados de la Casería de Baquerizo y entrar en contacto con la partida de otros  pueblos y la Guardia Civil al objeto de cercar entre todos la Sierra de la Camorra, de Mollina y llevar a cabo otro escrupuloso reconocimiento,21 no permitiendo que nadie entrara o saliera de La Camorra.

Un año más tarde, en 1848 los ladrones seguían haciendo de las suyas. A mediados de agosto tuvo el alcalde que acudir con varios vecinos armados para hacer una batida en Blancares, La Serafina y Los Carbajales.22 Durante toda la noche se estuvo batiendo la zona.

El bandolerismo se intentó atajar desde todos los frentes posibles. Tal es así que en 1849 se insistió en averiguar la existencia de armas ocultas que pudiera haber en el pueblo para evitar que los “enemigos del orden público” contaran con medios para alterarlo.23 Y es que el tema del bandolerismo era un mal endémico. De hecho, la madrugada del 8 de marzo hubo que batir la Camorra, auxiliado el alcalde de otros vecinos armados (que ahora sí tenían permiso de tenencia de armas) pues según noticias confidenciales “se abrigaba gente criminal” en dicho sitio.24

Como la situación no mejoraba, a mediados de agosto fue destinado a Antequera un oficial del Regimiento de África con 15 hombres para perseguir a los criminales, y se le pidió al alcalde que cooperase auxiliándolo en el servicio.25 Y en esta situación, los villafontenses, tras su jornada de trabajo tenían que colgarse el fusil al hombro y hacer guardia por los caminos.

Pero no todos los robos se producían por los caminos. Seguridad tampoco había mucha dentro del pueblo, sobre todo en la posada, en la que se daban cita todo tipo de “clientes”. Aquellos que iban de paso, y los que venían a comerciar o trabajar, tenían en Fuente de Piedra una posada al menos. Decimos al menos porque en los inicios del pueblo, allá por 1547, hubo varias para dar asilo a los enfermos que venían a tomar las aguas. Posadas que debían estar ubicadas cerca una de la otra en el sector construido entonces, y que hoy se corresponde con la paralela, a la izquierda, dirección norte, con el Prado. Posteriormente, con el declive de las aguas, algunos de estos establecimientos fueron desapareciendo hasta que a mediados del siglo XIX, período que estamos tratando, al menos había una, que sepamos, y estuvo vigente hasta hace pocos años. Dirigida por D. Francisco Martín Rodríguez y, más tarde sus descendientes, durante más de un siglo, continuaron con el negocio.

Volviendo al tema que nos ocupa, en el sentido que los robos también se producían en el interior del núcleo urbano, en dicha posada se denunciaba en 1850 el robo de un mulo.26 Y esto era cosa corriente, otra cuestión es que la mayoría de los robos no fuesen denunciados. Tanto es así que la noche del 23 de mayo 1850 se había producido otro robo en la población que no fue denunciado, aunque llegó a oídos del Gobierno Civil de Málaga, que pidió explicaciones sobre el hecho.27

La seguridad, como vemos, fue un verdadero problema. Para desplazarse de un sitio a otro había que llevar un salvoconducto que especificase las características del individuo que se desplazaba y el motivo del mismo. Estos pasaportes los expedía el propio alcalde. Si alguien desconocido pasaba por el pueblo y no podía identificarse se le arrestaba de inmediato hasta aclarar su procedencia. Y esto fue lo que le ocurrió a un tal Blas Marín que viajaba con su hermano, ambos montados en una bestia. El hermano no pudo continuar el viaje por “circunstancias imprevistas”, y fue retenido en Fuente de Piedra hasta que intervino el alcalde de Arriate (Málaga), de donde procedía el tal Blas, certificando que era persona sin tacha, las circunstancias que ocurrieron y solicitando del alcalde de Fuente de Piedra que no lo multase o si tenía que hacerlo, ésta fuese mínima por ser familia pobre de solemnidad.28

Y en esas circunstancias se encontraban muchas familias. La situación económica, insistimos, era crítica. Y esto era aplicable a casi todas las capas de la sociedad. Por tanto, no es de extrañar que en esta situación, los más necesitados acudieran a prácticas ilegales para salir adelante. En Fuente de Piedra el contrabando era algo que estaba a la orden del día, ejercido por vecinos del propio municipio así como de la comarca. Situación conocida por las autoridades malagueñas29 que no dudaron en intentar erradicar dichas prácticas. También el contrabando de tabaco fue muy intenso en Fuente de Piedra y el gobernador de la provincia autorizó al alcalde para que se valiese de todos los medios a su alcance para perseguir y capturar a los que se dedicaban a ello. Que sepamos no se arrestó a nadie, no debemos olvidar que al alcalde se le seguía secando la lengua diciendo que Fuente de Piedra era un pueblo ejemplar.

Los robos seguían sucediéndose igualmente y la Sierra de la Camorra seguía siendo una de las guaridas de los ladrones. Poco o nada se conseguía con las batidas. Si unos eran capturados otros ocupaban su lugar. Esta situación motivó que cuando un nuevo juez tomó posesión del Juzgado de Antequera en nombre de S. M. la Reina, se encontrase con una infinidad de procesos, en su mayor parte de robo y hurtos y la cárcel prácticamente vacía, afirmando el juez que en ella no se hallaban ni la mitad de los delincuentes, culpando a las autoridades municipales de la comarca de falta de celo, entre ellos al de Fuente de Piedra.30

Excepto el caso del lego de Sequera, hasta ahora, casi todo se resumía en robos de mayor o menor cuantía sin más consecuencias. Pero cuando la fama terrorífica de un bandido salta a la palestra, aún siendo similares los robos, éstos se magnifican y el asunto toma unas dimensiones gigantescas con las consiguientes consecuencias de miedo para la población. Y esto es lo que le ocurrió a “El Chato” tras atravesar el ecuador el siglo XIX, que se convirtió en uno de los más famosos de la época. Durante 1852 “El Chato”, acompañado de su gente, entre los que se encontraban los conocidos por su apodo como “Chicón”, “Juan Elías” y “Quilino”, entraban en el término como Pedro por su casa, lo que sembró la alarma entre la población. En una de sus aventuras se llevaron cautivo a un joven que más tarde abandonaron robándole la caballería y una considerable suma de dinero. Desde Málaga se ordenó batir la zona con los vecinos armados; dudamos que saliesen a su encuentro, tal era la fama de que gozaba el bandido, lo que no fue óbice para que se colocaron carteles con la leyenda “Se Busca”, ofreciendo  2.000 reales por la captura de cada uno de ellos y 4.000 rs. por la del “Chato”.31

Ese mismo año de 1.852, los cinco “criminales”32 que se habían fugado de la prisión de Bujalance, parece ser que se sumaron a la partida del “Chato”, lo que aumentó aún más, si cabe, el temor del vecindario.

Además de esta partida, existían otras muchas y los enfrentamientos con la Guardia Civil eran casi constantes. En una refriega en Osuna murió un número de la Guardia Civil. La situación era tan terrible que cierta normativa hubo que saltársela. Nos referimos al área de actuación de las fuerzas de seguridad. En concreto, Fuente de Piedra se encuentra en el límite de la provincia, dando paso a la de Sevilla. Pues bien, las fuerzas sevillanas no debían intervenir en la de Málaga, sin embargo, en este tipo de actuaciones, es decir, cuando se perseguía a una partida de bandidos, no sólo entraban en el término sino que las autoridades municipales debían facilitarles información y auxilio si lo precisaban o requerían.33

Las malas cosechas habidas en los dos años anteriores, influyeron decisivamente en el incremento de los robos. En 1853, catorce “forajidos”34 componían la horda más activa,35 pero existían otras que no le iban a la zaga. En concreto, ese mismo año de 1853, cuando el recaudador de contribuciones de Archidona se dirigía a Antequera fue asaltado en la Peña de los Enamorados por otra banda compuesta por ocho hombres armados, cuyo capitán era otro célebre bandido llamado Salvador Sevilla, más conocido por “El Invisible”. A pesar de ir custodiado el recaudador por la guardia civil, se produjo la refriega resultando muertos dos ladrones, dos fueron hechos presos y dos guardias civiles quedaron heridos de gravedad. El cabecilla, es decir, “El Invisible” consiguió escapar con sus cuatro compañeros restantes.36

Qué duda cabe que la intensificación del bandolerismo fue ocasionado por la crisis alimenticia que se venía padeciendo. De hecho, las propias autoridades alertaban sobre las consecuencias que de ello podían derivarse informando de los problemas que se venían produciendo como consecuencia de la falta de trabajo, motivada ahora por las consecuencias de la última tormenta sufrida.37

Sin embargo, las medidas adoptadas fueron poner en práctica una serie de recomendaciones que se habían hecho para descubrir a los ladrones. Entre ellas estaba el analizar el “ritmo de vida” que llevaba cada ciudadano y si con sus ingresos se lo podía permitir. Esta y otras consideraciones se pusieron en práctica, pero sin un resultado contundente. Prueba de ello es que en el monte de Sequera fue asaltado por una cuadrilla de ladrones armados un vecino de Gilena que iba a vender su pan y cebada a Antequera. El alcalde de inmediato reunió a varios vecinos y salió en persecución de los ladrones, pero lo único que alcanzó a ver fue a otro arriero que traía dirección contraria, es decir de Antequera a Osuna, al que  maltrecho y con varios golpes en la cabeza y los brazos, le habían robado una de las tres cargas que llevaba.38

En 1859 una pareja de bandidos, él, llamado Castillo39 y su esposa, deambulaban por el término; las autoridades fueron alertadas, pero tampoco se consiguió capturarlos.

En la década siguiente continuaron los hurtos y el deambular de partidas armadas por el término. Destacado, o cuando menos singular fue el robo que se produjo en los Llanos de La Roda,40 cuyo fruto apareció en el término villafontense, encontrado por un vecino41 que no tardó en depositarlo en el Ayuntamiento, al tiempo que daba cuenta del hallazgo. Entre los efectos hallados había:

“una chaquetilla pequeña de niño, un cíngulo pequeño de medio uso, dos sotanas de bayeta encarnadas nuevas de los acólitos, dos sobrepellices (una nueva y otra usada), unos manteles de un altar (regulares), dos albas bastante surcadas, una labrada con una banda ancha y la otra de unos tres dedos.”42

En 1876 se intentó detener a otra banda de ladrones. La partida la componían cuatro individuos, de los que destacaba su jefe: Antonio Guiraldes Porra, alias “Taco”, sujeto muy peligroso, escapado de presidio.43

Otro de los bandoleros más famosos de principios del XX fue Francisco Ruiz González, más conocido como “Pernales”, que también actuó, o mejor diríamos dejó de actuar en Fuente de Piedra como tendremos ocasión de comprobar. De D. Emilio Serrano Rodríguez,44 ese médico rural que se asentó en el pueblo y prestó servicio durante más de cuarenta años, se cuenta que fue asaltado por el célebre bandolero Pernales, llegando con él, podríamos decir, a un pacto. Lo cierto es que Pernales nunca llevó a cabo sus actuaciones en Fuente de Piedra y pensamos que esto quedaba compensado con las ausencias en el pueblo del médico que periódicamente se producían. Y mucho nos tememos que esas ausencias fueran encaminadas a asistir médica o quirúrgicamente a los miembros de la banda.

En La Gloria, cortijo del vecino pueblo de La Roda de Andalucía, los caseros fueron asesinados por la banda de Pernales por delatarle. Lo curioso es que Pernales hacía pesar su influencia como bandolero y desde su aparición por esta tierra el pueblo no sufrió ataque alguno por parte de otras bandas (¿Pacto?). Dicen que D. Emilio nunca quiso hablar de este asunto, aunque se respiraba en el ambiente y la tradición oral así lo recogió y lo transmitió. En 1907, Pernales y el niño de El Arahal eran abatidos a tiros  en la Sierra de Alcaraz, provincia de Albacete.45

Y con la muerte del célebre Pernales también finalizó a una larga etapa de la historia de Fuente de Piedra: la del bandolerismo.

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo.-   PERSONAJES CON HISTORIA:

El Bandolerismo

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

 

 

     NOTAS

(1) El Libro de Repartimientos de Antequera, en su folio 96 vº, contiene una providencia, fechada el 13 de julio de 1497 por la que se hizo donación a Gonçalo de La Puebla y a Pedro Hernández de Córdoba de “un sitio para venta cerca de La Laguna Salada en un ojo d’agua questá cerca del camino que iba a Córdoba entrando en el monte”.

Nota del autor: El citado “camino que iba a Córdoba” es el hoy conocido por  Camino de Conejo.  

(2) Para conocer la Venta de las Salinas, véase el capítulo del mismo nombre, dentro del bloque Lugares con Historia.

(3) A.H.M.A. Acta Capitular de 30 septiembre 1835

(4) Ibídem: Acta Capitular de 1 junio 1837. pág. 130

(5) Sobre este asunto véase el tema: Crónica Histórica, dentro del bloque La Laguna Salada.

(6) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1841. Doc. Nº 1.

(7) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1841. Doc. Nº 2.

(8) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1842. Doc. Nº 3.

(9) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1843. Doc. Nº 6.

(10) Dada su extensión remitimos al lector interesado a los ANEXOS 10 Y 11, donde puede completar la información.

(11) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1843 Doc. Nº 14

(12) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1843. Doc. Nº  15.

(13) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1844. Doc. Nº 2

(14) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1845. Doc. Nº 1

(15) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1845. Doc. Nº 2

(16) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1845. Doc. Nº 4

(17) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1845. Doc. Nº 3

(18) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1847. Doc. Nº 13

(19) Ibídem Doc. Nº 3

(20) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1847 Doc. Nº 6

(21) Ibídem. Doc. Nº 14

(22) Ibídem Año 1848 Doc. Nº 11

(23) Ibídem Año 1849 Doc. Nº 221

(24) Ibídem Doc. Nº 446

(25) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1849 Doc. Nº 445

(26) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1850 Doc. Nº 118

(27) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1850  Doc. Nº 41

(28) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1850 Doc. Nº 159

(29) Ibídem Año 1851 Doc. Nº 274

(30) Ibídem doc. Nº 300

(31) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1852 doc. Nº 439

(32) Es la expresión usada en los documentos.

(33) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1852 doc. Nº 441

(34) Así se les llama en el documento.

(35) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1853 doc. Nº 74

(36) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1853  Doc. Nº 116

(37) Ibidem Doc. Nº 126

(38) A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1853  doc. Nº 137

(39) Ibídem Año 1859 doc. Nº 228

(40) Ibídem Año 1869 doc. Nº 495

(41) Ibídem doc. Nº 482

(42) Ibídem. Año 1869 doc. Nº 492

(43) Ibídem Año 1876 doc. Nº 284

(44) Para conocer a este personaje consúltese el tema a él dedicado en el bloque Personajes con Historia.

(45) A.M.F.P.- El Acta de 1 de junio de 1907 recoge una lectura de de la Superioridad Civil, en la que se adjuntaba un retrato del “criminal” Francisco Ruiz González, conocido como “Pernales”, para que fuese distribuida entre los guardas jurados, empleados de ferrocarril y peones camineros, en un intento por atrapar al bandolero y acabar con su intensa actividad delictiva. Ese mismo año moriría abatido junto al niño de Arahal.

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