Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

 

Lugares con Historia

18 

EL PRADO

 Y

LA FUENTE DE LA PIEDRA

El Prado es sin lugar a dudas la “Plaza Mayor” de Fuente de Piedra. En torno a ella y su fuente nació el pueblo, se proyectó su ampliación y giró la vida del municipio desde sus inicios.

El Prado fue testigo de todo lo ocurrido en Fuente de Piedra y aún lo es, pues en sus “esquinas” continúan los encuentros y las tertulias; por tanto, el pulso de Fuente de Piedra lo sigue marcando la plaza con su actividad.

Y si la plaza se encargó de proyectar el pueblo hacia los cuatro puntos cardinales. También fue la plaza, con el estancamiento de las aguas de la fuente la que lo llevó, siglos atrás, casi a la extinción.1

En su zona sur, la fuente de la piedra vio nacer el pueblo y por ende, El Prado. Ambos vivieron momentos de esplendor en los siglos XVI y XVII hasta que las epidemias las llevaron a una crisis que se prolongaría hasta principios del XIX, concretamente hasta 1819.  A partir de entonces, aquel ejido, desecado y saneado empezó a ser de nuevo usado por el vecindario, aunque su utilidad y aspecto difería mucho del actual.  Entonces, el agua seguía discurriendo a su aire buscando la zona norte sin un cauce seguro; las bestias campeaban a sus anchas por todo el ejido y, por último, en la zona norte, la que posteriormente recibió por nombre “Los Tableros”, las eras servían de zona común para la saca de grano de todo aquel vecino que lo necesitase.

Pero todo esto empezó a cambiar a partir de 1924, tras la visita girada por el delegado del gobierno que, aunque felicitó a los ediles del momento por sus aciertos y buena gestión, propuso una serie de mejoras en el arreglo de las calles y, muy especialmente, en el corazón del pueblo, o sea, El Prado. El citado personaje instó al municipio a separar mediante una verja de hierro dos zonas bien diferenciadas: una, la comprendida por la propia fábrica del manantial y la alcubilla que recogía el agua que manaba de la fuente y cuyos bordes servían de apoyo a los aguadores2 que recogían el líquido y, por otra parte, la zona posterior que incluía el abrevadero para el ganado y el lavadero. Al mismo tiempo, el delegado recomendaba que se encauzasen las aguas y el derrame del líquido fuese conducido mediante tubería3 hasta el abrevadero y lavadero, y a continuación, el desagüe se cubriera  en el resto del trayecto que lo sacaba del Prado, lo que dejaría el terreno libre para hacer un paseo.4 En 1930 esto ya era una realidad.

A su vez, las viviendas, que daban su espalda al Prado, empezaron a orientar sus fachadas hacia él, convirtiéndose en el foro del municipio. Allí, por la tarde se daban cita los vecinos para hablar de sus asuntos y, por la mañana era un hervidero de vida; al trasiego de las mozas acudiendo a recoger el agua de la fuente se sumaba la actividad y el vocerío de los puestos al aire libre de frutas, verduras o pescados, levantados diariamente a la sombra de frondosos árboles.

      Al paso del tiempo, tiendas, bares y negocios se han ido alternando en el Prado. El tiempo todo lo devora y lo transforma y la plaza no iba a ser una excepción. Si la “Tienda Verde” hoy es una sucursal bancaria, la de “Periquito” desapareció, como la de Algimiro, o la de Diego “Piñero”, como el estanco de Lola y de Emilia, como la barbería de Segundo y la zapatería del Barbino, como el puesto de “Ana la de los churros”,  la carnicería de Ciroña, o el café del “Buque”. Y cada uno de ellos se llevó consigo multitud de historias e incluso ambientes muy peculiares y un amplio abanico de sensaciones. Como ejemplo valga citar el café del “Buque”; con él desaparecía toda una gama de aromas: el del aguardiente de las “arrieras” servidas de madrugada, el del café de “maquinilla” en horas de siesta, el del vino y la cerveza de mediodía, mezclado con el olor del aceite de las anchoas de lata, la fritura de boquerones del “tapeo”, y el humo del tabaco negro. Y todo ello aderezado, los días de lluvia con el olor a aserrín mojado, y las largas tardes de verano con el de lejía de los “Tres Sietes”, con la que se limpiaban las blancas tablas de aquellas  inestables mesas de tijera.

        El Prado ha cambiado multitud de veces de fisonomía y usuarios, pero sigue siendo la “Plaza Mayor” del pueblo, y enclavada al sur, pero como siempre, mirando al norte, la “fuente de la piedra” la contempla.

 

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo.- LUGARES CON HISTORIA:

La Fábrica de Orujo

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

 

 

(1) Este aspecto habría que matizarlo, pues si bien se acusa a la fuente de la piedra de las epidemias que tuvieron lugar en los siglos XVII-XVIII motivado por el estancamiento de las aguas, de lo que no dudamos, lo cierto es que tras desecar las aguas pantanosas y saneado el lugar, las epidemias continuaron. El chivo expiatorio paso a ser la laguneta del Cerro del Palo.

(2) Tal vez debiéramos decir aguadoras, pues en ninguna de las fotografías que se conservan hay un solo varón recogiendo líquido.

(3) Entiéndase cauce de fábrica para evitar libre circulación a través de varios brazos.

(4) A.M.F.P. AA.CC. Sesión 22-02-1924.  El embovedado se llevó a cabo en mayo de 1926. 

 

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