Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

Evolución de la población

(Una gráfica muy accidentada)

      Hasta bien entrado el siglo XIX, al tratar asuntos relacionados con la población, los términos «vecino» y «casa» vienen a ser lo mismo, hacen referencia al cabeza de familia o al edificio, en tanto que para designar al número de personas que forman la familia o habitan la casa se emplea el término «almas». Como ejemplo valga decir que el censo practicado en 1841 dice que la villa de Fuente de Piedra cuenta con 132 vecinos y 517 almas. Aclarado esto, veamos las causas que produjeron los violentos altibajos que la gráfica de población de la villa actual ha ido dibujando en sus cinco siglos de existencia.

         Fuente de Piedra nace en 1547. Treinta años más tarde, en 1577, dice Ambrosio de Morales: «hoy está la población tan crecida que llega a número de doscientas casas». Haciendo un cálculo estimativo en función del número de miembros que solía componer una familia en aquel tiempo, podríamos decir que la población villafontense rondaba entonces el millar de personas.

         Si en el siglo XVI el crecimiento poblacional es muy intenso, a mediados del siglo XVII se ve frenado e inicia un rápido descenso. Las epidemias que entonces llamaban de tercianas y cuartanas, hoy conocidas como malaria o paludismo, empezaron a hacer mella en la población. A la proximidad de la Laguna y sus características, que la convierten en zona pantanosa, se suma el estancamiento de las aguas de la fuente de la piedra que terminan inundando El Prado; ambas se encargan de propagar estas epidemias con rapidez y provocar una enorme mortandad entre sus moradores. De finales de ese siglo XVII tenemos el testimonio manuscrito del canónigo Doctor D. Alonso García de Yegros que dice: « Sirven esta parroquia un cura y un sacristán cuya provisión es del Prelado y por cuanto es muy enfermo este lugar por razón de los vapores de la laguna salada que allí esta: suele estar sin cura por no haber quien quiera serlo.»

         En el siglo XVIII la situación es muy preocupante, el catastro secular de 1770 sólo recoge 48 viviendas, y varias de ellas en ruina. Si en 1577, con 200 casas podemos estimar en torno al millar el número de habitantes, dos siglos más tarde el municipio ha perdido el 80% de su población; de cada cinco habitantes sólo queda uno. La lápida conmemorativa ubicada en el cancel de la iglesia dice al respecto «Los vapores corrompidos del pantano reduxeron esta población a una décima parte de lo que había sido el siglo anterior». Pérdida que hay que atribuir a las epidemias, sin duda alguna, aunque no podemos descartar que también hubiera vecinos que abandonaran el pueblo por temor al contagio.

         La situación empeora y apellidos vinculados al municipio (Casasola y Uribe, otrora marqués y conde), que tienen casa abierta aunque no residen en ella, sino en Antequera donde además son regidores, alertan en 1792 al Cabildo de la trágica situación por la que atraviesa el arrabal. Pero nada se hace por solventar tan trágica situación.

         Ya en el siglo XIX, en 1818 es desecado El Prado y saneada la fuente y aunque persisten las epidemias estacionales la población vuelve a remontar y se aprecia una clara recuperación. El viajero romántico y capitán inglés Charles Rochfort Scott dirá de la Fuente de Piedra que él conoció en 1825, que tenía unas 60 casas. En efecto, se está recuperando a buen ritmo y lo hará más intensamente las décadas siguientes. Ya hemos visto que en 1841 hay 132 vecinos, o sea, casas habitadas y 531 almas, con lo cual, en sólo 15 años se ha duplicado el dato que facilita el viajero inglés.

         La segunda mitad del siglo XIX será crucial para el desarrollo demográfico de Fuente de Piedra. Los avances sanitarios, una mayor higiene y los cuidados de un médico al que tanto debe Fuente de Piedra, D. Emilio Serrano, harán que la tasa de crecimiento natural se dispare de forma espectacular. Tanto es así que en 1910 el casco urbano cuenta con 250 edificios y 1352 habitantes (y no tenemos en cuenta los que viven en edificios diseminados, los cortijos, que suman otro tanto). Pero a mediados del siglo XX se vuelve a producir otro retroceso poblacional. En el invierno de 1953-54 tiene lugar una fuerte nevada que termina quemando los olivos y arruinado otros cultivos, lo que provoca una emigración constante hacia algunos países europeos y especialmente Cataluña, que durante dos décadas no cesará. Resultado de ello es que si en 1952 hay 3.045 habitantes, en 1975 el pueblo contabiliza 2.050; en dos décadas ha perdido el 33% de su población, o lo que es lo mismo de cada 3 habitantes uno ha emigrado.

         En lo que resta del siglo XX no hay pérdida de población, tampoco incremento y se llega a final de siglo y milenio sin alcanzar los dos mil habitantes.

         Ya en el siglo actual, el XXI, durante la primera década vuelve a producirse un aumento de población intenso y rápido al alcanzarse en 2011 los 2.837 habitantes, un 30% más que la década anterior, incremento atribuible a dos factores: llegada de extranjeros jubilados que deciden afincarse en el municipio, y el precio de la vivienda, en mejores condiciones que otros núcleos próximos, lo que atrae a familias que mantienen su trabajo en el municipio de procedencia, convirtiendo al pueblo, en parte, en ciudad-dormitorio.

         Durante quinientos años, todos estos movimientos llevaron aparejados la expansión del municipio con la incorporación de nuevas calles que cambiarán de nombre según los vientos políticos que corran en cada momento, hasta configurar el actual casco urbano. Pero ese tema lo trataremos en otro momento, porque esa es otra historia.

Francisco Muñoz Hidalgo

 

 

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