Ranos 54-55
Ranos 54-55

FUENTE DE PIEDRA

 

Momentos Históricos

 

2

 

LA REVOLUCIÓN «LA GLORIOSA»

(1868)

En 1854 se subleva una facción del ejército. Derrotados, tomaron dirección a Extremadura y Portugal.[1] Ante situación tan delicada, la Reina quiso olvidar el asunto de los rebeldes concediéndoles el perdón,[2] pero no todos los sublevados fueron a que los perdonaran; muchos de ellos continuaron con el levantamiento, lo que obligó al ministro de la Guerra a trasladarse a Valdepeñas en un intento de dar alcance en Venta de Cárdenas a los sublevados.[3] Este período que venimos tratando, que alcanza hasta 1856, conocido como Bienio Progresista, enmarca una etapa compleja,[4] que tendrá un fiel reflejo en Fuente de Piedra.

Málaga se adhiere a ese movimiento el miércoles 19 de julio, Antequera le sigue los pasos. En Fuente de Piedra, el alcalde, D. Ramón Díaz Borrego, con mirada atenta, espera hasta el sábado 22 con la intención de pronunciarse en el pleno que se va a celebrar ese día. Pero no le dará tiempo, pues el Ayuntamiento será disuelto, como detallamos más adelante.  

En esos tres días que median, o sea entre el 19 y el 22 de julio, se suceden graves e imparables incidentes dada la coyuntura creada. El jueves día 20 había sido requerida la presencia del destacamento de la Guardia Civil del municipio en la capital, y ese mismo día lo era también en Antequera la del teniente de carabineros D. Policarpo Asunción López, que ejercía en función de comandante de Resguardo de la Sal de la Laguna. La noticia de la ausencia de estos militares en el pueblo se propagó con rapidez entre los vecinos, que aprovechan la ocasión y acuden en considerable número a la Laguna extrayendo toda la sal que pueden sin que nadie se lo impida. Además, por lo que pudiese ocurrir, acuden acompañados de sus caballerías y armados hasta los dientes.

El sábado 22, el alcalde, acompañado del resto de la Corporación, pretende celebrar una sesión extraordinaria, pero antes de iniciarse, hace acto de presencia D. Fernando Mancilla y Uribe, conde del Castillo de Tajo, seguido de un numeroso grupo de vecinos que aguarda en la calle Ancha, junto a la puerta del ayuntamiento, vitoreando el cambio político que se avecina. El propio conde del Castillo de Tajo, siguiendo el mandato provin­cial, suprime el Ayuntamiento y crea un gobierno provisional.[5]

 Como las cosas tienen que cambiar de alguna manera, ahora a la Corporación se le llama Junta; al alcalde, presidente; al primer teniente de alcalde, vicepre­sidente, y a los concejales, vocales. De entrada ya ha habido un cambio, aunque solo sea de nombre. Se ha creado la Junta Directiva Local provisional presidida por D. Fernando Mancilla y Uribe y los vocales D. Juan Fernández, D. Juan Pachón, D. Francisco del Pozo y D. Vicente Dorado, con la intención de recomponerla a pri-mero de agosto con el resultado de las elecciones. Antes de terminar el acto, se suma a la sublevación el comandante de Resguardo de la Laguna Salada, D. Policarpo Asunción,[6] ajeno a lo que se le venía encima.

Si esto ocurría el sábado 22, el miércoles 26, el Gobierno Militar de Málaga se intere­saba por la situación en el pueblo, a lo que el conde del Castillo de Tajo infor-maba:

«[sic]… que el 22 del mismo tubo á bien este vecindario secundar el sentimiento nacional constituyendo una junta directiva de gobierno para la conservación del orden público; en la cual se reasumió también todo el ejercicio de la autoridad hasta tanto que esa provincia de sus ordenes para proceder a lo demás que haya lugar […]».[7]

Una semana más tarde se celebraban elecciones con arreglo a las disposiciones reinantes, por las cuales tenían derecho a ser electores y elegibles todos los vecinos que fuesen cabeza de familia.[8] Hasta entonces, la Alcaldía o una concejalía no la podía ostentar cualquier vecino, pues era requisito imprescindible ser uno de los ma-yores contribuyentes. Pero con la llegada del Bienio Progresista, la normativa cambió y cualquier vecino cabeza de familia podía concurrir como elector. De este modo, la lista de posibles padres del pueblo podría verse aumentada. Al año siguiente, 1855, ya se pedía una lista en la que estuviesen todos los vecinos «[…] adornados de las cualidades y requisitos necesarios»[9] para ser alcalde. Pero esa lista en Fuente de Piedra no aumentó. Si bien se eliminaba el requisito de mayor contribuyente, aparecía otro que supuso un fuerte freno: saber leer y escribir.[10]

Días más tarde, tras celebrar elecciones, la Corporación municipal definitiva quedaba constituida por los vecinos, D. Juan Fernández Pachón, elegido alcalde-presidente, y los concejales D. Juan Pachón Fernández, D. Juan Jiménez Ruiz y D. José Navarro Velasco.

Pasan unos días y la Hacienda Pública Provincial pone el grito en el cielo. No recauda un solo real del impuesto aplicado a la sal. De inmediato aplica medidas urgentes para salvar la situación, pero no surten efecto. Siete meses más tarde, en febrero de 1855, D. Agustín de Gálvez, administrador general de la Hacienda Pública, se dirige al alcalde manifestándole su queja:

«[sic] Desde el asalto a la Laguna el 20 de julio del pasado año no ha vuelto a venderse una sola fanega de sal en esa población y no puede menos de conocer que la sal es un articulo indispensable de consumo y que su gasto es diario sin embargo ni una sola libra se vende en el estanco de esa población por lo que el fraude es conocido y se da desde el primero al último vecino […]».

Entre las acciones llevadas a cabo estuvo el registro domiciliario con el objetivo de localizar depósi­tos de sal. Durante los dos años del Bienio Progresista se descubrieron algunos y de inmediato el mineral se trasladaba a la Casa Panera, o sea, al Pósito municipal, ubicado en la calle Ancha. Edificio en el que posterior­mente se ubicarían varias aulas de la Escuela de Niños y hoy, sede de los Servicios Sociales. La sal aprehendida, terminadas las diligencias que les eran practicadas, se conducía a la Plaza del Prado y en el arroyo de la fuente era vertida para su disolución, quedando así inutilizada. Sin embargo, al vecindario parece ser que no le ocasio­naba mucho trastorno el que los depósitos de sal que les encontraron les fuesen aprehendidos e inutilizados. En la Laguna había más. Todo era cuestión de darse un paseo por allí.

La población villafontense venía de años atrás muy castigada. Las inundaciones de los años 1851 y 1852 arruinaron las cosechas de ambos años y la fuerte nevada de 1853, que se repetiría un siglo más tarde, quemó los olivos, eliminando el poco trabajo con que contaba la clase obrera. Esta situación propiciaría la intensificación de los asaltos a la Laguna y la extracción fraudulenta de sal, que contó con cierta impunidad hasta que en 1856 cambió el gobierno de la nación y se intensi­ficó el control y persecución de los infractores. En octubre volvía Narváez imponiendo la Constitución de 1845; atrás quedaba el Bienio Progresista, que había dado un pequeño respiro a la población más necesitada, y se entraba en el Sexenio Moderado. Un sexenio en el que Fuente de Piedra sufrirá la crisis de subsistencia más grave de su historia desde que contamos con datos.

 

Fragmento de Historia Temática Villafontense

Capítulo.-  Momentos Históricos

La Revolución «La Gloriosa»

Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

[1] AMFP. Doc. de Sec. Año 1854, doc. n.º 422.

[2] Ibídem. Año 1854, doc. n.º 421.

[3] Ibídem. Año 1854, doc. n.º 424.

[4] El levantamiento fue promovido por una facción del Ejército acaudillada por el moderado Leopoldo O’Donnell, que posteriormente crearía una nueva agrupación política conocida como Unión Liberal. El le-vantamiento a que nos hemos referido se conoce como La Vicalvarada, por ser en la madrileña ciudad de Vicálvaro donde tuvo lugar el primer choque armado. El levantamiento no prosperó, pero permitió a los su-blevados dar a conocer un documento programático llamado Manifiesto de Manzanares, redactado por quien llegaría a ser uno de los grandes políticos del XIX: D. Antonio Cánovas del Castillo.

[5] AMFP. A.C. del 22 de julio de 1854.

[6] Ibídem. del 22 de julio de 1854.

[7] AMFP. Doc. de Sec. Año 1854, 26 de julio, doc. n.º 444.

[8] Ibídem. Año 1854, doc. n.º 442.

[9] Ibídem. Año 1855, doc. n.º 146.

[10] AMFP. Doc. de Sec. Año 1855, doc. n.º 147.

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