Ranos 54-55
Ranos 54-55

7UENTE DE PIEDRA

 

Momentos Históricos

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LA GESTIÓN MUNICIPAL EN EL SIGLO XIX

 

Tras la reconquista del Lugar en 1462, la zona pasa a ser administrada por el cabildo antequerano durante tres siglos y medio, hasta que en 1820 tiene lugar la segregación y Fuente de Piedra deja de ser una pedanía de Antequera para convertirse en municipio independiente, con entidad propia y capacidad para dirigir su propio destino. Y es a partir de constituirse en municipio que pasamos a relatar de forma cronológica los asuntos políticos más relevantes debatidos por los distintos ediles que ocuparon asiento en el cabildo durante ese siglo XIX.

Desde que nace el pueblo en 1547 hasta la segregación en 1820, la autoridad del Lugar recaía en dos alcaldes pedáneos. Con el nuevo “estatus” alcanzado, se impone el nombramiento de las siguientes figuras municipales: alcalde, 1º teniente de alcalde, 2º teniente de alcalde y regidores.1 Y serán ellos, reunidos periódicamente los que, por una parte, decidan qué postura adoptar ante la problemática municipal; de otra, cumpliendo o haciendo cumplir lo ordenado por la superioridad provincial o nacional, y de todo ellos dejando constancia en las actas municipales. Y tanto en un caso como en otro, en los distintos temas que hemos abordado y los que a continuación siguen, queda manifiesta la actitud de los gobernantes ante esa problemática a la que tuvieron que hacer frente de forma inmediata en distintos momentos de sus mandatos (arreglo de calles, gestión del agua, gestión sanitaria, escolar, seguridad, etc.); y como también hemos apuntado antes, dirigiendo la gestión para cumplir lo ordenado por instancias superiores (salida en partida tras los bandoleros, apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad que van de paso, vigilancia intensiva del trayecto férreo y los hilos del telégrafo para mantener franco el servicio, etc.)

Dicho esto, sólo nos ocuparemos en este tema de los asuntos políticos de carácter ideológico, cierta complejidad e interés, que no han sido expuestos en ninguno de los capítulos que conforman esta obra y son el termómetro que nos marca la tensión política de un siglo, el XIX, cargado de  momentos históricos, al tiempo que desarrollamos la posición adoptada en cada momento por el cabildo municipal (generalmente la más cómoda) como iremos viendo en las siguientes páginas.

        Damos un pequeño salto en el tiempo hasta 1848; año cargado de hechos trascendentales.2 La situación del país pasa por momentos difíciles y en muchos núcleos urbanos se producen revueltas. La monarquía está en el punto de mira de los insatisfechos. La prensa cuestiona la forma de actuar de las autoridades en el desempeño de sus funciones y en su afán por despejar un poco el horizonte se envían escritos a los ayuntamientos para que éstos intenten apaciguar los ánimos revolucionarios y así, el 27 de abril de 1848, el Gobierno Político de Málaga remitía a la Alcaldía un oficio que decía:

“Atendiendo las circunstancias actuales que por su naturaleza extraordinaria dan margen a que ciertos órganos de la prensa periódica extravíen la opinión pública con noticias y narraciones inciertas, he llegado a creer indispensable la lectura de otros periódicos que ayuden a satisfacer juicios errados y a difundir esperanzas de paz duradera destruyendo las alarmas ficticias que tanto perjudican a la prosperidad del País. Por consecuencia de esta convicción he acordado autorizar la corporación Municipal que V. dignamente preside para que disponga si lo cree útil la inscripción a un periódico político que lleve las condiciones indicadas siendo su importe de abono en las cuentas.”3

Las manifestaciones tenían lugar de forma masiva en la Capital del Reino y para evitar en la medida de lo posible estas concentraciones que llegaban de fuera, el Gobierno Civil de la Provincia prohibió tajantemente expedir pasaportes para Madrid a quien lo solicitase. Aquellos que por razones de negocio o cualquier otra índole al margen de las manifestaciones tuviesen necesidad de desplazarse tenían que solicitar del alcalde una autorización, en la cual el primer edil se hacía responsable de las consecuencias que del viaje se derivaran.4

Como había que mantenerse en el poder a toda costa, para contrarrestar las manifestaciones,5 desde las cabeceras de partido se invitó a los alcaldes a sumarse a la causa de S. M. Isabel II a través de papel de sello cuarto, en el que se solicitaba encarecidamente que toda la población se sumase a través de su firma.6 Para que el alcalde no tuviese que molestarse en poner la esquela de adhesión, ésta ya venía confeccionada, dispuesta sólo para recibir en su parte inferior las firmas de los vecinos. Como resulta sumamente curiosa dicha nota la reproducimos a continuación. Dice así:

“Señora:

Los que subscriben espontáneamente este publico testimonio de lealtad, de amor al orden y de respeto a las leyes, protestan a los pies del trono de V. M., que se adhieren por excitaciones que parten del corazón a la solemne manifestación que tuvieron el honor de hacer a V. M. las personas más notables de la Corte en 7 de este mes con motivo de los deplorables acontecimientos del mismo día.

Fuente de Piedra 14 de mayo de 1848

Señora.

A.L.R.P. de V.M.”7

La población se sublevaba. ¿Forma de evitar o contrarrestar los movimientos de la oposición?: evitar las reuniones y prohibir las discusiones políticas. Y no se hizo esperar, el 14 de junio, el Jefe Civil del Distrito de Antequera recordaba que estaba prohibido el establecimiento de Sociedades o tertulias patrióticas donde públicamente se debatiesen cuestiones políticas.8 Al tiempo se instaba a las autoridades villafontenses para que acusasen recibo de haberlo hecho saber a todo el pueblo, advirtiendo que serían castigados severamente los que contravinieren lo que había mandado el Gobierno de S. M.

Se presionó aún más, instando al alcalde a informar si había en el pueblo, o tenía conocimiento de la existencia de alguna sociedad o tertulia patriótica y, además, solicitaba se intensificaron los controles sobre los vecinos para contener la situación.9

En este sentido, de forma velada, también se pidió a los alcaldes de los municipios que establecieran un padrón de vecinos en el que se hiciese constar las circunstancias personales de cada uno de ellos. Pero no nombres y apellidos y cuatro datos más, no; datos exhaustivos que informasen sobre su situación social, económica, política, moral, haciendo incidencia en aquellos que llevasen un tren de vida superior al que podía llevar con sus ingresos normales para prestarles una mayor vigilancia.10 El alcalde, sorprendido, al no saber cómo atajar el problema lo pasó al secretario, y éste, a su vez, planteó el asunto al gestor intermediario que les tramitaba la documentación municipal en Málaga, por entender que allí tendrían noticias más claras al respecto y por tanto les indicarían la forma de proceder ante tan espinoso asunto. Así se hizo y, en una esquela “oficiosa”, no oficial, remitida a través del veredero,11 llegó la contestación deseada. Iba dirigida al Sr. Cañero, a la sazón secretario municipal y decía sin más formalidades, sellos ni firma lo siguiente:

“Mi estimado Cañero:

Importa y estimaré a V ponga en el expediente de la Quinta, al pie de la letra lo que conviene en papel que obra en poder de mi hijo o de mi hermana; que es sobre poco más o menos lo que se dijo y habló el día 24”.

Queda aquí el oficio reservado, soy de opinión que no debe hacerse el padrón, esperar a que recuerden su cumplimiento, que podrá ser que como otras muchas cosas no la recuerden y si lo hacen contestar que en ese Pueblo no se conoce ni un solo hombre que no tenga su modo de vivir conocido, sin tacha en su conducta política y moral; y que si a pesar de eso hay necesidad de formar dicho padrón, no será otra cosa que un duplicado del general hecho a principio año. Si no hay más remedio que formarlo, lo hará el Alcalde solo con ausencia de V. principiando con el cumplimiento y a la vista del padrón general se dira:

Antonio Ligero – Jornalero, con casa propia y unas tierras que labra, casado con F(ulana) y tantos hijos – Buena conducta, pasifico y honrado.

Francisco Velasco Pacheco – Carretero con yunta de Bueyes suya y carreta, siembra algunos peujares, casado con Ana Muñoz y 4 hijos, Buena conducta, pasifico y honrado.”12

En 1849 sigue el descontento general y una facción del ejército se subleva en Motril y es dispersada; parte de ella se acantona en la serranía de Ronda y sus inmediaciones, por lo que hubo que salir en batida por todos los rincones del término.13

La vida política durante el XIX fue muy intensa. En 1851 hubo Elecciones Generales de Diputados a Cortes. En un ambiente muy tenso y caldeado, con las fuerzas muy equilibradas, se utilizaron todas las armas al alcance para mantenerse o conquistar el poder. Tanto es así que desde Dirección de Gobierno se recomendaba que se hiciese un esfuerzo para concentrar la mayor parte de los votos hacia D. Ildefonso Aurioles, es decir, que de forma clara se quería influir en el electorado para que el tal Aurioles saliese de candidato.14 De inmediato, todos los políticos que se habían mantenido callados y al margen durante el bienio anterior empezaron a dar muestras de actividad y justificar el porqué no se había llevado a efecto tal o cual promesa. Unos por unos motivos, otros por otros, todo se resumía en justificaciones de esta guisa:

“Querido Sr. Secretario: nada he podido adelantar en el parlamento sobre la manifestación que me dirigió ese Ayuntamiento de que V. es digno Secretario ... Los grandes negocios de interés general ... ha sido doble la idea ... sobre la devolucion de los bienes al Clero, y la imposición del cuatro por ciento sobre rentas y productos agrícolas para compensar el diezmo ...”15

En definitiva, justificando su pasividad ante problemas planteados por el cabildo villafontense, justificándola con la intervención y ocupación en otros menesteres de ámbito general, etc. En definitiva, arrimando cada uno  el ascua a su sardina.

En 1852, desde el gobierno se intenta influir en el pensamiento del pueblo. Para ello, se recomendaba suscribirse al periódico “El Orden”, por ser, según decían:

 “periódico de ideas templadas, órgano de la administración actual cuya lectura por generalizada que sea producirá indudablemente para el pueblo los resultados más satisfactorios...”16

Por supuesto que el importe de la suscripción se autorizó para que corriera a cargo del capítulo de gastos imprevistos de la cuenta municipal.

Pero poco duró “El Orden”. El 21 de julio de 1852 se autorizó la suscripción por tres meses,17 el 23 se remitía el importe18 y el 5 de agosto ya había cesado su publicación.19

Ese mismo año había nacido la princesa Isabel y su madre, para conmemorar su nacimiento, creó un establecimiento filantrópico20 para beneficiar a la gente más menesterosa, que era mucha por cierto según hemos tenido oportunidad de ver en otros temas. Ahora bien, la reina lo creaba, pero el pueblo es el que tenía que financiarlo. ¿A quién se le encargó en Fuente de Piedra esa misión? Cómo siempre a las fuerzas vivas. Directamente de Málaga se solicitó:

“Con el objeto de que puedan alcanzarse los resultados más satisfactorios en la suscripción abierta en esa población para secundar el pensamiento de S. M. la Reina, convocará V. S. (refiérese al alcalde) desde luego al Sr. Cura y Comandante de armas de la misma, a fin de que de consumo contribuya cada cual por su parte y colectivamente al logro del mejor éxito.”21

En 1853 se celebraban de nuevo elecciones a Cortes y al igual que había pasado dos años antes, se recomendaba a D. Ildefonso Aurioles,22 y se pedía se aunaran esfuerzos para conseguir que al emitir sus sufragios los vecinos votasen a favor de dicho candidato. Y lo mismo sucedía en la elección de Diputados Provinciales. Siempre había influencias que dirigían sus preferencias hacia un candidato determinado.23

En 1854 se reveló otra facción del Ejército. Fueron derrotados y se dirigieron hacia Extremadura y Portugal.24 Estamos en 1854 y el período que va hasta 1856, conocido como Bienio Liberal, enmarca una etapa compleja.25

Ante situación tan delicada, la Reina quiso olvidar el asunto con el perdón,26 pero no todos fueron a que los perdonaran e incluso hubo muchos adeptos al levantamiento. Y si éste se había producido a primeros de julio y el 7 la Reina otorgaba el perdón a los sublevados, éstos seguían en sus trece. El ministro de la Guerra se trasladó a Valdepeñas intentando dar alcance en Venta de Cárdenas a los sublevados,27 pero el 19 de julio se levantó Málaga, y Fuente de Piedra, ojo avizor esperó tres días para definirse. El 22 del mismo, viendo que no había marcha atrás y había que tomar posición, lo hizo. Decía así:

“... que el 22 del mismo tubo á bien este vecindario secundar el sentimiento nacional constituyendo una junta directiva de gobierno para la conservación del orden público; en la cual se reasumió también todo el ejercicio de la autoridad hasta tanto que esa provincial de sus ordenes para proceder a lo demás que haya lugar...”28

Y en efecto se constituyó la Junta Directiva, siendo su presidente D. Fernando Mancilla y Uribe, Conde del Castillo de Tajo, que siguiendo los mandatos provinciales, suprimió el Ayuntamiento con la intención de recomponerlo a primeros de agosto con arreglo a las disposiciones reinantes y por las que tenían derecho a ser electores y elegibles todos los vecinos que fuesen cabeza de familia.29

O’Donnell convocaba a finales de agosto elecciones a Cortes.30 Intentó que fuesen lo más limpias posible, pero los intentos de interferir en la voluntad de los pueblos era algo tan común y arraigado que era impòsible evitarlo. De hecho, entre las comunicaciones que tuvieron lugar con motivo de este evento, leemos misivas como:

“… la micion de las proximas Cortes son de vida o muerte y que devemos todos unir nuestros votos... no he basilado en remitirles las 200 candidaturas ... para que las distribuyan entre los amigos de ese Pueblo... a fin de que con sus relaciones recaia la eleccion en sujetos tan conocidos y amantes del bien y el orden...”.31

A pesar de todo, las influencias estaban repartidas y se hizo lo más insólito para conseguir los objetivos: anular a dos aspirantes de los que habían sido incluidos en la lista electoral, siendo sustituidos por otros que, en las mismas listas, aparecían manuscritos.32 Tras la elección,  algunos de los diputados elegidos renunciaron33 por haberse presentado por más de una provincia y, en consecuencia, optaban por representar a la que más les interesaba. De esta guisa vemos la calaña de aquellos políticos para los que lo único que les importa en conseguir el poder, no dudando en actuar de forma vergonzosa y sin pudor alguno.

En 1854 había que congraciarse con la situación reinante. Tanto es así que un vecino pudiente se dirigió a D. Ramón Díaz, entonces alcalde, no dudando en suscribirse --no sabemos a qué--, durante dos trimestres que exigía el gobierno pero eso de pagar era otra cosa, por lo que anunciaba:

“luego que yo pase á esa que sera a fines de mes liquidaremos y beremos de pagar.”34

En otros temas hemos comentado sobradamente que 1853 fue un año pésimo para la agricultura consecuencia de la fuerte nevada que había quemado los olivos. De hecho se autorizó extraer una tercera parte del grano que había en el pósito para la sementera de 1854. Pero al pósito se le había pedido y se le seguía pidiendo más de lo que era capaz de soportar y por lo tanto, esa tercera parte de sus existencias, ya no alcanzaban a las necesidades del momento. Situación grave que venía anunciando la llegada del Bienio Liberal. Pero poco antes del levantamiento de O’Donnell, los capitalistas villafontenses viendo la gravedad del problema y el malestar del vecindario salieron al paso. Y si no partió de ellos la idea, sí lo hicieron los gobernadores de algunas provincias, dando a entender éstos que:

“la filantropía de algunos capitalistas... para facilitar el pago de las cuotas... que no escedan de 300 rs. al modico precio del medio por ciento mensual”.35

Los años siguientes fueron aún más duros y desde Málaga se pidió que se recurriese a los “filantrópicos instrumentos de las personas acomodadas”36 para paliar la hambruna, bien ayudándoles por medio de suscripciones, bien ocupándolos en trabajos y faenas propias y compatibles con la estación. Corría el mes de enero de 1856, pero aún no se había tocado fondo, lo malo estaba por llegar. A la penosa situación económica por la que pasaba el pueblo, políticamente terminaba el Bienio Liberal que había dado un respiro y se volvió, con la llegada de Narváez, a la situación política de la década anterior. Se produjeron revueltas en algunos puntos del país y el Comandante General de Málaga, D. Manuel Gasset, en abril de 1857 no dudó en decretar el estado de guerra37 en toda la provincia.

A los problemas de dentro del país hay que sumar también los de fuera: las colonias americanas empezaban a independizarse una tras otra y también tuvimos problemas con el Emperador de Marruecos que había “ofendido” el pabellón Español en nuestras posesiones de África. Para dejar alto ese pabellón había que entrar en guerra y las arcas del tesoro no estaban muy boyantes que digamos por lo que se recurrió al apoyo del pueblo para financiar ese gasto extraordinario.38

Los altercados que se produjeron en 1857 tras la llegada de Narváez al poder tuvieron como consecuencia más inmediata, una vez sofocados los puntos de rebelión, la expulsión de sus lugares naturales de todos aquellos que habían participado en los levantamientos y cuando las aguas volvieron a su cauce se les permitió volver, pero se advirtió a la autoridad municipal que los vigilase de cerca39 por si provocaban disturbios. En Fuente de Piedra también los hubo, pero podríamos decir que fueron de menos importancia que los provocados en los pueblos vecinos.

En 1861, en Loja, tiene lugar otro levantamiento en el que participaron más de trescientos revolucionarios republicanos.40 Resultado de ellos, la autoridad malagueña alertó a la población para que vigilase el pueblo y el campo, y muy de cerca a los sujetos conocidos41 por sus ideas revolucionarias. Como el levantamiento tuvo cierta aceptación por parte del vecindario villafontense, se exigió al alcalde que facilitase los nombres de las cuadrillas de revoltosos que se habían sumado a la misma.42 Pero el alcalde no tardó en informar  que:

“...la tranquilidad pública sigue inalterable, cuyos vecinos están solamente ocupados en sus faenas de recolección.”43

Y aunque la conspiración fue sofocada, el gobernador civil, meses más tarde volvía a la carga sobre el alcalde para que le indicase la repercusión que había tenido esos levantamientos en el municipio.44 Y de nuevo éste a contestarle diciendo que esos:

“... excesos no habían dejado impresión alguna en Fuente de Piedra y que los pocos republicanos que había estaban retraídos y habían abandonado sus proyectos y maquinaciones y que los que había en el municipio estaban a las órdenes de un tal Celino y otro Galisteo…”

Celino y Galisteo, residían en Humilladero, afirmaba el alcalde que, además de informar que en el pueblo había hombres de orden para defender el trono y contrarrestar las tendencias democráticas.45

Al año siguiente, 1862, aprovechando una visita que la reina hacía a la provincia, los adictos al poder establecido animaron al alcalde para que:

“... haciendo un esfuerzo concurriese el mayor número posible de personas a recibir a S. M. la Reina y su Real familia.”46

Sin embargo, aquella insurrección que en 1861 tuvo lugar en Loja, había calado en la población rural y como dos años más tarde la situación pasaba a ser “muy delicada”, se ordenó vigilar a sus simpatizantes, comprobar si se estaban organizando de nuevo en alguna sociedad secreta revolucionaria, o se observaban movimientos que pudieran inducir a sospecha.47 Y no iban mal encaminados pues en 1862 ya había miembros de ciertas sociedades secretas recorriendo los pueblos animando al alistamiento.48 El descontento era casi general. Hemos creído conveniente insertar un artículo salido de la pluma de Eusebio Blasco, impreso en el periódico La Época, que recoge el ambiente que se vivía en los años 1865-66, período al que hemos llegado. Dice así:

“En medio de los lujos y alegrías de la corte no oía más que una palabra que se me grabó en el oído, palabra que repetía todo el mundo, que era la expresión de toda una época, el anuncio del fin de una sociedad y de la aparición de una nueva. Madrid repetía en voz baja y a todas horas: ¡La gorda: se va a armar la gorda, viene la gorda! De repente, en medio de todas aquellas agitaciones y de tan variados y resonantes bullicios, se oye una palabra terrible: “¡El Cólera!”, y el espanto se apodera de la población; en el Teatro Real ocurren cuatro o cinco casos fulminantes. Perea, el popular caricaturista mudo, cae atacado en la Puerta del Sol, y se salva gracias a una monumental borrachera de manzanilla caliente, que le suministran por equivocación. Ante aquella calamidad que anonada a la corte, y principalmente a las clases populares, los hombres de la democracia tienen una idea grande, elevada, salvadora, y Rivero, Castelar, Sagasta, unidos, forman la asociación benéfica y caritativa de  “Los amigos de los pobres”; penetran de tal modo en todas las casas, llevando a ellas consuelos, medicinas, caridades, palabras de amor; en suma, sembrando para lo porvenir en la fértil tierra de los corazones del pueblo la semilla que germinará el día que sea necesario y oportuno. La corte sigue mientras tanto en La Granja (...).

En aquellas veladas veía pasar a deshora masas de hombres silenciosos, en largas filas, conducidos por la Guardia Civil. Eran aquellas famosas “cuerdas” a Filipinas; patriotas cogidos en sus domicilios, restos de las jornadas del 22 de junio, que Narváez iba recogiendo, y de ciento en ciento, en mil en mil, iban los presos por las calles a las dos o a las tres de la madrugada, con las cabezas bajas marchando a compás.”

Momentos difíciles se veían venir.49

En enero de 1866 se produce una sublevación en Aranjuez y en Fuente de Piedra, la autoridad municipal, alertada, redobla su vigilancia.50 Ese mismo año, el 22 de junio tiene lugar el levantamiento del cuartel del San Gil y, de inmediato, se declara el “estado de sitio”51 en toda la provincia malagueña.

En septiembre de ese mismo año, el ministro de la Gobernación y de Fomento se dirigían a Málaga, oportunidad que aprovecharon las autoridades malagueñas52 para incitar a las municipales, entre ellas Fuente de Piedra, a recibirlos en la estación del recién creado ferrocarril.53

También en 1866, D. Antonio Durán Jaramillo, a la sazón cura párroco celebraba un día de finales de enero, a las 11 de la mañana en la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de las Virtudes un:

“solemne Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso, por el feliz alumbramiento de S. M. la Reina”, invitando a la ilustre corporación municipal.54

En 1867 se inicia la desintegración del sistema isabelino de forma irreversible. En Málaga se tiene conocimiento de que la Sociedad Secreta “Garibaldinos ó de los apuntados” se había organizado otra vez y se alertó a los alcaldes.55 De inmediato se declaró el estado de guerra.56 Se produjeron disturbios, se libertaron a muchos presos de las cárceles57 y como  los efectos corrieron como un reguero de pólvora, de inmediato se instruyó desde la Capitanía General de Granada a la Alcaldía, como proceder si aparecían por el término.58 Días más tarde, D. Antonio María Blanco y Castañola, Teniente General de los Ejércitos Nacionales y Capitán General de Málaga dio un ORDENO Y MANDO, con un total de 8 artículos en los que se daba un plazo de 3 días para que entregasen las armas y municiones todos los paisanos del pueblo, así como sus licencias. Los que las tuvieran sin licencia y las devolvieran no se les tomaría en cuenta su irresponsabilidad, siendo el alcalde el encargado de la recogida. Y por supuesto, el bando sentenciaba que aquel que fuese cogido con armas quedaría sujeto a un consejo de guerra.59

Pero antes de llegar a este estado de cosas la autoridad provincial, viendo la cruda realidad en que se hallaba el país y comprendiendo que la lamentable situación económica por la que se atravesaban, y muy especialmente las zonas rurales, convirtiéndose así en impulsora de los movimientos subversivos, intentó en la medida de sus posibilidades ponerle freno. ¿Cómo? Interesándose por el número de obreros que no tenían trabajo, las obras públicas municipales que estaban pendientes60 y a las que se podría impulsar para paliar el paro y así poder ocupar a los obreros más necesitados, etc. De este modo se invirtieron 400 escudos,61 pero otras subvenciones que se habían pedido fueron denegadas, alegando no haber sufrido el pueblo “pedriscos, terremotos ni inundaciones.”62

Desde que se produce el levantamiento del cuartel de San Gil en junio de 1866 hasta septiembre de 1868, el régimen isabelino no tiene otro recurso que utilizar la fuerza; base dinámica inherente a todo poder que pierde sus bases de sustentación. Y para llevarlo a cabo nadie mejor que el “espadón de Loja”, o sea, Narváez. Pero en 1868 moría y con él el último bastión del trono y la solución militar que hasta ese momento había contenido a duras penas63 la desintegración del sistema. Le sucedió González Bravo, aprendiz de dictador, que radicalizó la política de mano dura que ya había llevado su antecesor. Y los resultados no se hicieron esperar: se aceleraba la llegada de la Primera República. En octubre de 1868 la Junta Revolucionaria de Málaga disolvió las Juntas Provisionales establecidas en los pueblos, procediéndose más tarde a nombrar las definitivas que serían elegidas por sufragio universal, entendiendo por universal tener más de 20 años. Las nuevas juntas se denominaron revolucionarias y se componían de un presidente, un vicepresidente, un secretario y cuatro vocales.64  Días más tarde toda la fuerza pública de Fuente de Piedra, o sea, la Guardia Civil, fue reunida en Málaga donde quedó acuartelada.65 Aprovechando esta situación los revolucionarios villafontenses asaltan la Comandancia de Resguardo de la Laguna Salada, y la desarman, toda vez que se adueñan del armamento de que disponían la citada Comandancia, dejando sólo las armas inútiles. Cuando dos años más tarde la Comandancia abandone la custodia de La Laguna y haga entrega del Inventario de Bienes en la Alcaldía,66 hará constar que no se hace entrega de todo el armamento inventariado debido a que la Comandancia había sido asaltada y desarmada por vecinos del pueblo en la revolución de septiembre de 1868, apropiándose de todas las armas útiles, quedando las restantes por inútiles.67

Al finalizar el año (30 de diciembre) se decreta en Fuente de Piedra el estado de sitio,68 y se levanta días más tarde, a principios de 1869, haciéndolo  público a todos los villafontenses,69 pero por poco tiempo; el 8 de octubre se decretaba de nuevo el estado de guerra.70

La vida política de la Nación estaba muy alterada y, para colmo, Isabel II había dejado el país. Los republicanos alentaban la situación, aunque el resto de los partidos tenían preferencias monárquicas. Tanto es así que en junio de 1869 se hizo un acto de promulgación de la Monarquía Española a la que se invitó a las autoridades municipales, rogando a su vez que se nombrase un comisionado que se desplazase a Madrid con el mismo objetivo.71

La etapa correspondiente a la monarquía democrática (1871-1873) fue un período turbulento. Amadeo I de Saboya, nada más llegar empezó a dar pésames. Prim fue asesinado. Amadeo intentó ser un buen monarca constitucional, pero la coalición gobernante fue descomponiéndose de forma acelerada y el monarca poco pudo hacer al respecto. La propia monarquía estaba en juego. Por otra parte, los carlistas volvían a la carga. Quizá un poco tarde, pues no se explica cómo tras la salida de Isabel II no se volvió de inmediato a la línea dinástica representada por Carlos María Isidro. A esto hay que sumar que la libertad de culto luchaba frontalmente con los planteamientos carlistas. Sin embargo, aunque, a nuestro juicio, tarde, los carlistas reiniciaban su actividad en 1872. De estos hechos se puso al corriente a la Alcaldía villafontense y se les informaba de la intención de los carlistas de alterar el orden, por lo que se insistía en que se vigilase a toda persona sospechosa que deambulara por el pueblo,72 que se vigilasen día y noche los lugares por los que pasaban los hilos telegráficos (es decir siguiendo la línea férrea), para impedir que fuesen cortados.

Málaga fue una de las provincias que más acusó los desórdenes, y el 28 de noviembre tuvieron lugar graves disturbios protagonizados por partidas armadas, posiblemente republicanas, dando lugar al estado de sitio,73 pasando, un mes más tarde a estado de guerra, comunicado que fue difundido para conocimiento del vecindario.74 Decimos republicanas puesto que un mes antes se había destruido una partida de titulados republicanos y ante el peligro de levantamientos en la zona rural, aunque Fuente de Piedra estaba relativamente bien controlada, se recibieron órdenes para no bajar la guardia y que las fuerzas de seguridad, Guardia Rural y cuanta fuerza material hubiese en el pueblo,  estuviese preparada.75

Amadeo I de Saboya se cansó de nosotros, nos tachó de  ingobernables y decidió abandonarnos. El 12 de febrero de 1873 se le comunicaba al alcalde por telegrama lo siguiente:

“Los presidentes de la Asamblea Nacional por telegrama que he recibido a las 10,45 me dicen lo siguiente: El Senado y el Congreso en Asamblea después de admitir la renuncia de D. Amadeo de Saboya y proclamando la republica (...)”76

Y de este modo nacía la I República Española,77 que no dejó de ser una república frágil, muy frágil y de corta duración (1873-1874), que corre paralela a la política municipal villafontense, fiel reflejo de la nacional y que pormenorizamos en capítulo aparte.

El 14 de enero de 1875 entraba en Madrid Alfonso XII, iniciándose el proceso de la Restauración que Cánovas del Castillo había venido gestando lo que supuso otro nuevo cambio en los ediles municipales. Se disolvió la corporación que fue sustituida por Francisco Montero Guerrero que pasó a ser Alcalde-Presidente, Cristóbal Prieto Camuñas como Primer Teniente de Alcalde y José Rodríguez Ávila de Segundo, completando la lista como Regidores Pedro Guerrero Delgado, Juan del Pozo, José Navarro, José Gallardo Fajardo, Juan José Hidalgo y Bartolomé Escribano.78

Tres meses más tarde empezaron a salir algunos trapos sucios de las gestiones anteriores, siendo el más significativo la  denuncia contra  uno de aquellos alcaldes al que se acusó (se demostró que sin fundamento), de haber sustraído ciertos fondos,79 y por acuerdo municipal se le obligaba a devolver los mismos. Pero el acusado recurrió a la máxima autoridad malagueña, que tomó el asunto como suyo y paralizó las gestiones practicadas por la corporación villafontense.80

Cuando se casó Alfonso XII con la infanta Doña Mercedes de Orleans, de los 20.000 panes que se repartieron entre los pobres y necesitados de la provincia, a Fuente de Piedra le correspondió un bono de 100, que el cura, junto con el juez y el alcalde se encargaron de distribuir.81 Pero el matrimonio duró poco y el recuerdo quedó plasmado en el cine como una trágica historia de amor. Sentimiento popular que también quedó reflejado en Fuente de Piedra en las comunicaciones y actas locales.82

Los movimientos obreros que se habían venido produciendo durante la segunda mitad del siglo XIX, trajeron entre otras ventajas la de la asociación de trabajadores y los sindicatos. En Fuente de Piedra también hubo sindicatos y agrupaciones de carácter sindical. Los agricultores tenían su punto de reunión en la C/ Los Solises Nº 17. Pero quizá sea más explícito reproducir literalmente la solicitud presentada por uno de los vecinos ante el Ayuntamiento anunciando una reunión y dice así:

“Alonso Martín Rodríguez, de esta vecindad, casado, trabajador del campo, domiciliado en la calle los Solices numero diez y siete, según cedula personal numero setenta y tres expedida en Fuente Piedra a diez y seis de octubre de mil ochocientos ochenta y uno, por el Sr. Alcalde de esta Villa de Fuente Piedra, pongo en conocimiento de V.S. a los efectos prevenidos en el artº 1º de la Ley de 15 de Junio de 1880 que en el día de mañana 15 de Octubre a las 10 de la misma se reune los trabajadores del campo de esta localidad en el local Calle de los Solices numeros 17 para organizar la Seccion de Agricultores.

Lo que en cumplimiento de mi deber y por acuerdo de mis compañeros participo a V. S. Dios guarde a V. S. muchos años. Fuente Piedra y Octubre 14/82 (Firmado) Alonso Martín Rodros.”83

En 1891, los trabajadores del campo preparaban manifestaciones y demás altercados, noticia que era conocida por todos. El Alcalde se dirigía al gobernador civil expresándole su preocupación en los siguientes términos:

“Teniendo noticias esta Alcaldía de que algunas personas vienen agitando a los trabajadores del campo para verificar manifestaciones o reuniones en esta Población durante los primeros días del próximo mes de Mayo, con el deliberado propósito de causar daño a personas y propiedades según el rumor público, cuyos rumores tienen alarmada a esta Población y mucho más desde el momento en que han visto marcharse la fuerza de la Guardia Civil de los Puestos de Blancares y de esta Población, con el fin de tranquilizar en cuanto sea posible los ánimos de los habitantes honrados y pacíficos, he convocado a gran número de estos con el fin de organizar rondas que vigilen la Población constantemente y puedan en caso necesario auxiliar a esta Alcaldía para procurar reprimir cualquier desorden que pudiera intentarse. Mas como nunca pueden ser tan eficaces los auxilios prestados por paisanos, aunque en gran número, como los que presta la fuerza armada de cualquier instituto militar, de ahí el que el vecindario no tenga la completa confianza en que dejen de ocurrir algunos incidentes desagradables; y deseando que todos mis administrados puedan ser respetados en sus personas y propiedades, me permito volver a molestar la alta atención de V.E., rogándole como ya tuve el honor de hacerlo en comunicación nº 105 de fecha 24 del presente mes, se sirva ordenar que por cualquier clase de fuerza militar y aunque no en escaso número se auxilie a esta Alcaldía y demás Autoridades Locales para mantener el orden público y evitar los males que este vecindario teme, no solamente de las personas que en esta misma Población pudieran tomar parte en dichos desórdenes, sin principalmente del auxilio que según públicamente se asegura recibirán de los Pueblos limítrofes”.84

Y si esto ocurría a finales de Abril, el 1 de Mayo (recordamos que es la fiesta del trabajo), se dirigía de nuevo el alcalde al gobernador civil anunciándole:

“Habiendo tenido noticias por confidencia particular de que en la mañana del día de la fecha (1/5/1891) algunos individuos vecinos de esta población habían hecho gestiones para que el Capataz de la Brigada Nro. 18 del Ferrocarril de Córdoba a Málaga, Pedro Rosales de la Torre secundase los propósitos de facilitar herramientas para cortar la vía férrea y levantar los aparatos telegráficos tan pronto como tengan noticia del día y hora en que debe verificarse, en distintos puntos de la vía, procedí inmediatamente a practicar las oportunas indagaciones y según manifestiación del referido Capataz es cierto, cuanto se me había manifestado en la referida confidencia. En su virtud con esta misma fecha y hora de las dos de la tarde doy parte al Juzgado y mediante comunicación al Jefe de la Guardia Civil destacado en el inmediato Pueblo de la Alameda, según se sirve V.E. manifestarme en su respetable comunicación de fecha 30 de Abril, próximo pasado a fin de que se sirva facilitar las fuerzas que estime oportuno para impedir cualquier desorden que pudiera promoverse...”85

Y el dos de mayo, el alcalde informaba a la fuerza destacada en Alameda para que interviniese.86 A su vez, el Juez Municipal era más explícito en detalles informando, independientemente de la alcaldía en los siguientes términos:

“Por confidencia particular se ha manifestado a esta Alcaldía en el día de la fecha (2/5/1891), que el vecino de esta Población Juan Castro Caballero a quien se indica como agitador de la Clase Obrera de esta Localidad, había hecho gestiones en la mañana de este mismo día para conseguir que el Capataz de la Brigada Nº 18 de la línea férrea de Córdoba a Málaga, Pedro Rosales de la Torre, accediese a las pretensiones de aquel de facilitar las herramientas que para el trabajo usa dicha Brigada, a fin de que en el momento de tener instrucciones que esperan de otros diferentes puntos, proceder a levantar la vía férrea y los aparatos telegráficos. Seguidamente procedía a hacer las oportunas indagaciones resultando según lo expuesto por dicho Capataz ser cierto cuanto se manifiesta en la denuncia confidencial habiéndose apercibido de las proposiciones del Juan Castro la esposa de Francisco Gallardo Fajardo que habita en la Casa inmediata a la en que habita el referido Capataz que es la Casilla próxima a la Estación férrea y una hija de José Rivas, Guarda Aguja de dicha Estación, llamada Filomena Rivas García, las cuales se hallaban muy próximas e indudablemente han debido enterarse de cuanto hablo el Juan Castro. Todo lo cual me apresuro a poner en conocimiento de V. a los efectos de proceder habiéndolo también comunicado con esta misma fecha al Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia.”87

        En más de una ocasión tuvo que intervenir el cabildo utilizando los medios a su alcance88 para paralizar la avalancha de revueltas y sublevaciones, tan comunes durante la segunda mitad del siglo XIX, revueltas que se prolongarían hasta el primer tercio del siglo XX.

 

Fragmento de “Historia Temática Villafontense”

Capítulo.- Momentos Históricos:

La Gestión Municipal en el siglo XIX

por: Francisco Muñoz Hidalgo

(Obra en composición)

 

 

 

 

NOTAS:

 

1.- El término regidor usado frecuentemente durante el siglo pasado responde al de los actuales concejales.

2.- En 1848 se produjeron dos intentos revolucionarios, uno en marzo y otro en mayo, que no llegaron a fructificar. Como consecuencia de ello Narváez suprimió las Cortes y endureció su política, lo que le permitió gobernar con total libertad y sin supervisión de ningún tipo durante dos años.

3.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1848 Doc. Nº 85

4.- Ibídem Nº 31

5.- Esta manifestación tuvo lugar el 7 de Mayo y provocó otra contramanifestación encabezada por los diputados y demás políticos que salieron a la calle el mismo día.

6.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1848 Doc. Nº 32

7.- Ibídem Nº 88

8.- Ibídem Nº 33

9.- Se viven momentos de un autoritarismo total por parte del Partido Moderado, encabezado por su líder, y presidente del gobierno, el general Narváez, que actuó como un auténtico dictador enfrentándose a la Reina, al Rey consorte, a los liberales y a los absolutistas, enfrentamiento que durará hasta primeros de 1851, que será sustituido por el conservador y liberal Bravo Murillo.

10.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1848 Doc. Nº 46

11.- Relacionado con las veredas, así se llamó al encargado de traer o llevar los diversos documentos.

12.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1848. Doc. S/N

13.- Ibídem Año 1849 Doc. Nº 278

14.- Ibídem Año 1851 doc. Nº 277

15.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1851 doc. Nº 56

16.- Ibídem Año 1852 doc. Nº 408

17.- Ibídem doc. Nº 440

18.- Ibídem doc. Nº 609

19.- Ibídem doc. Nº 442

20.- Ibídem doc. Nº 403

21.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1852 doc. Nº 409

22.- Ibídem Año 1853 doc. Nº 17

23.- Ibídem Año 1854 doc. Nº 268

24.- Ibídem Año 1854 doc. Nº 422

25.- El levantamiento fue promovido por una facción del Ejército acaudillada por un moderado: Leopoldo O’Donnell, que posteriormente crearía una nueva agrupación política conocida como Unión Liberal. El levantamiento a que nos hemos referido se conoce como “la Vicalvarada”, por ser en esta ciudad donde se produjo el primer choque armado. El levantamiento no prosperó. Pero permitió a los sublevados dar a conocer un documento programático llamado Manifiesto de Manzanares, redactado por el que llegaría a ser un gran político del XIX: D. Antonio Cánovas del Castillo.

26.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1854 doc. Nº 421       

27.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1854 doc. Nº 424

28.- Ibídem doc. Nº 444

29.- Ibídem doc. Nº 442

30.- Ibídem doc. Nº 447

31.- Ibídem doc. Nº 341

32.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1854 doc. S/N

33.- Ibídem doc. Nº 331

34.- Ibídem doc. Nº 361.

35.- Equivalente a un 6% anual. Lo que era un interés elevado. Pensemos que a los judíos se les llamaba usureros por cobrar un 4%.

36.- A.M.F.P. DOC. Sec. Año 1856 doc. Nº 317

37.- Ibídem doc. S/N

38.- Ibídem Año 1859 doc. Nº 366

39.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1858 doc. Nº 56

40.- Ibídem Año 1861 doc. Nº 220

41.- Ibídem doc. Nº 242

42.- Ibídem doc. Nº 213

43.- Ibídem doc. Nº 212

44.- Ibídem doc. 267

45.- Ibídem doc. Nº 268

46.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1862 doc. Nº 55

47.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1863 doc. Nº 289

48.- Ibídem año 1864 doc. Nº 78

49.- Historia de España de Historia 16 Nº 9 pág. 118. Madrid 1976

50.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1866 doc. Nº  72

51.- Ibídem doc. Nº 18

52.- Ibídem doc. Nº 122

53.- Recordemos que la estación de ferrocarril de Fuente de Piedra, en el trazado de Córdoba a Málaga, fue inaugurada un año antes, concretamente el 10 de agosto de 1865. Para más información consúltese el tema titulado El Ferrocarril, en el bloque Transportes y Comunicaciones.

54.- Ibídem doc. Nº 174

55.- Ibídem año 1867 doc. Nº 331 y 389

56.- Ibídem doc. Nº 375 y 371,

57.- Ibídem doc. Nº 373

58.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1867 doc. Nº 456

59.- Ibídem doc. S/N

60.- Ibídem doc. Nº 383

61.- Ibídem doc. Nº 308

62.- Ibídem doc. Nº 283

63.- Recordemos que en Agosto de 1867 el General Prim fracasó en su intentona de pronunciamiento.

54.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1868 doc. Nº 385

65.- Ibídem doc. Nº 258.

66.- Se puede ampliar esta incidencia consultándose la Crónica Histórica en el bloque La Laguna.

67.- Ibidem doc. Nº 9

68.- Ibídem doc. Nº 604 vto.

69.- Ibídem Año 1869 doc. Nº 432

70.- Ibídem doc. Nº 538

71.- Ibídem doc. Nº 446

72.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1872 doc. Nº 293

73.- Ibídem doc. Nº 371

74.- Ibídem doc. Nº 426

75.-  Ibídem doc. Nº 388

76.- Ibídem Año 1873 doc. Nº 379

77.- Sobre los hechos acaecidos en Fuente de Piedra desde la proclamación de la I República, remitimos al lector interesado al tema “La Primera República”, en el bloque titulado Momentos Históricos.

78.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1875 doc. Nº 316.

79.- Ibídem doc. Nº 253.

80.- Ibídem doc. Nº 307

81.-  Año 1878 doc. Nº  237

82.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1878 doc. Nº 182

83.-  Año. 1882 doc. Nº 73.

84.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1891 doc. Nº 108.

85.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1891 doc. Nº 112.

86.- Ibídem Año 1892 doc. Nº 113

87.- A.M.F.P. Doc. Sec. Año 1891 doc. Nº 114.

88.-Los medios a su alcance eran realmente pocos tras la salida de la Comandancia de Resguardo de la Sal de La Laguna. La Guardia Civil, cuando se producían sublevaciones era concentrada en la capital y el control sobre la Milicia Nacional era muy relativo. La solicitud de auxilio al Gobernador Civil llegaba tarde o no surtía los efectos apetecidos.

 

 

 

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